De cuando es un trabajo en proceso.

“¿No es una de las Tortugas Ninjas? Bueno, más bien es el pintor de la capilla Sixtina quien le da su nombre al mutante. Supongo que pintó un par de cosas importantes. También hizo unas cuantas esculturas atractivas para turistas. Quizás hizo más que darle su nombre a una caricatura…”

Hasta hace un par de semanas realmente no sabía más que estos pobres y desacertados datos de Michelangelo Buonarroti. Yo sé, yo sé… pero no me quiten mi credencial de arquitecta todavía.

Como todo en mi vida, el curso corto que tomé hace poco sobre uno de los artistas más grandes de la historia, comenzó como una decisión espontanea de ultimo momento. Lo tomé como una oportunidad de llenar un par de horas libres y aprender un poco del arte italiano. La enseñanza que me dejó fue mucho más amplia de lo que me esperaba.

Con la introducción del Dr. Alfredo Fravin, arquitecto que impartió el curso, mi primera impresión fue: es increíble lo poco prolíficos que somos hoy en día (pero ese es un tema para otro momento). Al empezar a repasar las imágenes de sus obras saltaron a mi atención las más representativas: el monumental David de 5 metros de alto, la solemne y detallada Piedad Vaticana y por supuesto, sus frescos en la Capilla Sixtina. Sin embargo, no fue ninguna de estas piezas las que me hicieron admirar y apreciar realmente la grandiosidad de este genio.

David — Escultura en marmol (1501–1504), Pietà — Escultura en marmol (1498–1499), Creación de Adán — Frescos en cielo de Capilla Sixtina (1508–1512)

Michelangelo como todo buen renacentista se caracterizó por su perfeccionismo excesivo. Era conocido por detenerse en seco y volver a empezar desde cero un proyecto si encontraba imperfecciones naturales en el mármol que estaba esculpiendo. Como resultado gran parte de sus obras tomaban como mínimo un par de años en ser completadas. Sin contar las múltiples esculturas inacabadas que nunca llegarían a ser entregadas a sus comitentes.

Estos pedazos de piedra a medio esculpir que podrían considerarse “borradores” que ahora encontraríamos en hojas estrujadas en el cesto de basura de un artista contemporáneo, se convierten en una de las partes más ricas, debatibles e intrigantes del legado de Michelangelo. Si este supiera que en la actualidad su trabajo non finito, o sus “errores” como el los veía, generan más discusiones que su perfecto David, probablemente destrozaría la escultura en la que está trabajando y saldría despotricando de la sala. Los genios artistas son así de temperamentales a veces.

Sin ser un gran conocedor del arte, es fácil admirar y sorprenderse al observar detenidamente alguna de sus obras terminadas. El cuidado a los detalles más ínfimos. El movimiento orgánico diseñado al milímetro que conseguía darle al rígido mármol. La obra no nos demanda nada más que prestar atención a lo que tiene que decirnos. No sugiere sino que grita acciones y simbolismos fáciles de comprender. Está ahí eternamente para transmitirnos las ideas que Michelangelo tenía claras hace más de 600 años.

Es mucho más difícil determinar qué es esto:

Esclavo Atlante — Escultura <non finito> en mármol (1525–1530)

Parece que no se trata del trabajo de un mismo escultor. ¿Será un prototipo de otra escultura? ¿Es un proyecto que el artista se vio obligado a abandonar por falta de recursos? ¿Será un ejemplo claro de cuando Michelangelo se aburría y decidía cambiar de actividad?

Irrelevantemente del porque de esta escultura, desde el momento en que la vi supe que aun en sus errores y en sus momentos más débiles como artista, Michelagelo tenía un don. Aun cuando el dudara de si mismo y cuestionara sus decisiones. La expresividad que lograba brindarle a un pedazo de mármol era innegable, aun cuando este lo viera como un error y lo descartara.

Dentro de su serie de esculturas de esclavos no acabados que se suponía formarían parte de la tumba para el Papa Julio II, se encuentra el esclavo Atlante o Atlas. Pareciera que el esclavo está tratando de escapar de la piedra que lo tiene prisionero. Más bien parece que Michelangelo trató de quitar parte de la piedra para ayudar a escapar al esclavo. Cargando el peso del mundo en sus hombros, el Atlas permanece en permanente lucha, dando la impresión de que en el preciso momento en el que lo admiramos se desatará liberándose de su prisión.

En su estado de “no acabado” esta escultura parece decir más de lo que diría si cumpliera con los altos estandares de perfección bajo los que el escultor solía regirse. Quizas en lugar de gritarnos simplemente guarda silencio y espera a que nosotros le demos el significado que nos merece. Quizas Michelangelo no tenía claro que quería transmitir y en lugar de tomarse la molestia de resolverlo simplemente decidió dejarlo como un trabajo en proceso.

Esta expresividad que sugiere pero no impone nada al espectador es muy característica de la escultura moderna de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Rodin lo haría intencionalmente más de 300 años despues. Muy adelantado para tu tiempo Michelangelo.

La Danaide —Auguste Rodin — Escultura en mármol (1890)

Ahora, es imposible determinar si lo que Michelangelo hizo con las esculturas no acabadas fue intencional o no. Al final del día quiero pensar que ni el genio que inspiró y sigue inspirando a tantas mentes artísticas podía tener tan cuadriculado su plan de convertirse en un influenciador como para que funcionara con solo dejar un par de obras inconclusas. Ni siquiera Michelangelo era tan genial como para saber que eso iba a funcionar.

Con estas esculturas inacabadas el artista le mostraba al mundo que no era más que otro ser humano con dudas e inseguridades. Probablemente no era una faceta agradable de mostrar. Probablemente era una que hubiera preferido ocultar de su historia pero creo que ahi en donde recae el valor de esta obra.

Lo sorprendente de esta escultura es como con su estado de permanente pausa demuestra la vulnerabilidad e inseguridad que hasta el mejor de los mejores puede llegar a sentir. Muestra como al dudar de nosotros mismos podemos dejar pasar oportunidades que tienen mas potencial del que podemos imaginar. Pero sobretodo creo que muestra que aun con nuestros errores podemos crear cosas hermosas a su manera. Puede que lo que nosotros consideremos un error funcione o puede que no. Pero si existe aunque sea una pequeña posibilidad de que ese error inspire positivamente a alguien en el futuro, creo que vale la pena cometerlo.

Hay incontables enseñanzas por aprender de este maestro del arte, la escultura y la arquitectura. Por el momento me quedo con el cliché de aprender de sus errores.

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