
Sobre el tiempo y sus rupturas
«A mi “patito feo” con mi mas genuino cariño»—Dedicatoria en una edición antigua de Cumbres Borrascosas.
Digo una obviedad cuando comento que el tiempo nos afecta. No hay quien, ni siquiera quienes alegan de indiferencia ante todo, no sienta un cierto escozor en el pecho cuando recuerda que, inevitablemente, las horas y los días y los años pasan para no volver. Pero yo sí creo que vuelven, que se van, que dan vueltas en circulo y te sonríen en los recuerdos.
El tiempo me da curiosidad, como a todo el mundo. No le creo a la linealidad, porque me parece aburrida y simple, y porque más de una vez sentí cruzar esos limites envueltos de fechas y horarios. Quizá se trate de un convencimiento que se encuentra solo en la mente (como seres dotados de razón, estoy convencida de que somos capaces de , con quererlo, poder creer que cualquier cosa es real, aunque no lo sea) pero las sensaciones son genuinas e imposibles de disimular. El tiempo no es humano, no tiene carne. Es, para mi, absurdo limitar algo inmaterial de la misma forma que nuestros cuerpos nos limitan. Claro que como todo lo incomprensible y envidiable, nos sentimos con la necesidad de encerrarlo, darle nombre, exponerlo y explicarlo ante un publico ignorante. “Miren, este es el tiempo” y la gente aplaude con un alivio disfrazado de emoción y entendimiento. La humanidad suele ser cruel con lo desconocido.
No, no es el tiempo, son palabras, y aunque ame las palabras, aunque haga uso de ellas para todo, confío más en las sensaciones y, como he dicho antes en otro texto, las vibraciones de energía.
Los puntos de ruptura del tiempo lineal son de mis momentos favoritos. Son cosas simples, que nos pasa a todes pero tomamos con normalidad. Una pequeña lista de ellos serían los siguientes:
- El lugar que te recuerda a algo que no viviste.
Puedo pasar horas en las casas de antigüedades. Me gustan los objetos oxidados, con muchos detalles, y más me fascinan si están rotos, porque significa que fueron usados hasta el hartazgo. Ahí adentro me siento otra, y se corta el aire, circula al revés, o simplemente diferente. Se cambia la paleta de colores de la vida. Mi mamá dice que, cuando fue al norte, le daban ganas de llorar porque es su lugar en el mundo. Y conozco quienes entrando en algunos lugares, salen sin reconocer del todo el mundo exterior. El pasado es una ruptura que nos choca constantemente porque vivimos de lo que fuimos como sociedad. Somos un presente compuesto de micro-pasados que mueren por segundo, y se manifiestan en los lugares y objetos que fueron cargados de ese tiempo que no es solo tiempo, sino vivencia y tacto y olor. Hay ambientes que tienen más marca del tiempo, y no hablo de su antigüedad, sino de la energía particular que acumula, capaz de romper el supuesto tiempo lineal para colar entre los rincones fragmentos de un tiempo antiguo, o quizá, menos evidente, del futuro.
2. Las personas (en libros usados)
Hay actores principales en los libros, por resumir y para fijar mi idea: el autor, editores que modificaron el texto y sus libreros, los personajes ficticios del relato y su historia en si, y por último, la cadena de lectores que tuvieron dicho libro en sus manos. Este último actor es de mis favoritos; mi obsesión con los libros usados empezó una vez que, aburrida de un libro, pasé por un lugar muy bonito de libros con olor a viejo y decidí cambiar el mio por otro. Como el que tenía era nuevo, pude cambiarlo por dos viejos y bastante destruidos: A sangre fría de Truman Capote, y Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. El de Capote era un libro que quería hace mucho, pero el de Brontë no hubiese sido mi opción si no lo hubiera abierto ahí mismo; la primera página en blanco tenía escrito en tinta una dedicatoria de 1943. En tan solo seis palabras me transmitió un amor dulce y burlón, y no me quedó otra que llevármelo.
Desde entonces colecciono libros viejos para encontrar fragmentos de personas que existen ahora en dos planos; su realidad (estén vivos o muertos) y la mía, a través de sus palabras. No es como leer un cuento, o una carta. La gente que escribe en los libros saca de si lo más personal, se deja sorprender por la historia y no puede evitar opinar o destacar su sorpresa. Fija en el tiempo una reacción eterna. Me imagino siempre, cuando leo un “!!” al costado de un texto señalado, los ojos brillantes o la sonrisa involuntaria de la persona que escribió.
Con esto quiero decir, volviendo al tema de los actores del libro usado, que no solo conviven sus personas sino sus tiempos en uno solo objeto. Una acumulación de años y seres.
3. Los olores como la navidad y la primavera.
Esta es, para mi, de las rupturas más recurrentes, la del tiempo circular. Un poco como el de la política y la historia, que apela al olvido para, cuando vuelve a aparecer, sorprender con la singular sensación de esto ya lo vivimos.
Las estaciones tienen olores particulares, de esos a los que les ponemos descripciones más que nombres. Por ejemplo, no es olor rico, sino olor a la comida que hacía la abuela cuando era chica. Hay olores que movilizan el cuerpo y lo devuelven a un estado de otro tiempo, como cuando decimos con seguridad que la primavera nos pone más alegres, por el recuerdo de una primavera feliz, y que a partir de allí no podemos dejar de asociar. Tenemos montones de tiempos que se repiten, año tras año, y esa es una deformación tanto del mundo como propia. El mundo nos dio las estaciones, nosotres creamos los aniversarios. La repetición anula aquella linealidad que tanto se alega cuando se habla del paso del tiempo. ¿Por qué, por ejemplo, si todo fuese tan lineal, cometemos los mismos errores una y otra vez?
Los humanos repetimos la historia como las hojas caen y vuelven a aparecer en el árbol para caer una vez más el año siguiente. Es la repetición que rompe el tiempo, el error en la matrix. O simplemente la realidad que no estamos dispuestes a aceptar.
Están son mis ideas de ruptura. Hay muchas más, pero podría hablar eternamente de esto y no es la idea (no ahora). ¿No les emociona hasta las lagrimas pensar que sabemos tan poco y hay millones de rincones para analizar, sacudir, y sobre los cuales reflexionar? No perdamos eso como humanidad. Es todo lo que nos queda.
