Un viaje distinto

Este viaje no era como los que había hecho antes, este era un viaje para mí. Sin saber que era para mi.

Salimos desde la calle talleres, que como siempre era un caos pasar por ahí, había dos colectivos esperándonos para partir hacia Salta. A visitar a la virgen.

Al subirnos al colectivo con mis amigas lo primero que pensamos fue en que vamos a charlar, una de ellas ya estaba repartiendo galletas que había hecho especial para el viaje, y otra escuchando música, en su mundo. Por supuesto que todo esto pasó, y los pedazos de galletas terminaron tiradas en el piso del colectivo de tanto convidar y comer pero después, en un momento se apagaron las luces y la gente del colectivo se puso a rezar. En ese momento de tanta tranquilidad empezó nuestro viaje. El viaje a Salta, a ver a la virgen, a pedirle, agradecerle, rezarle, a apreciar de estar ahí en esa ciudad tan linda y tan llena de energía. La ciudad de la Virgen de la Inmaculada Madre del divino corazón Eucarístico de Jesús.

Al llegar a Salta, la linda como le dicen. El paisaje nos sorprendió totalmente, los vendedores que nos abarrotaban para vendernos llaveros de la virgen, rosarios, estampitas y a la vez otro vendedor que nos relataba la historia y su experiencia ante la virgen de Salta. Era más vender su historia que contarla y compartirla más que todo por supuesto, así los turistas vayan más seguido a esta ciudad.

Para ir a ver a la virgencita, teníamos que caminar un camino de tierra sinuoso, bastante largo y cansador ya que estábamos al rayo del sol, con hambre y mucho sueño. Arrancamos y ya a la media hora quería parar y descansar pero no me rendí y seguí, porque el cansancio que tenía no tenía que impedirme llegar hasta la punta.

Por fin llegamos, después de 1 hora caminar sin parar, no quería hablar ni decir una palabra y tenía que ser así porque al llegar había mucha paz y tranquilidad, el paisaje que tenías desde la cima era impresionante y único. Empezamos a caminar en fila, con mucha gente enferma, niños y bebés. Nos pusimos a rezar y concentrarnos en nosotros. Ya no importaba el cansancio, el calor, hambre estábamos ahí y había que aprovecharlo.

Por fin vimos a María Livia, la sanadora que ve a la virgen y se conecta con ella, que aunque parezca imposible ella escuchó a la virgen. Nos formamos en hilera de repente y estábamos todos el uno al lado del otro y apareció ella, María Livia. Yo la estaba observando desde hace rato y al tocar a la gente esta se desmaya y una persona te sostenía de atrás y te recostaba en el piso. Había gente que lloraba, otra sonreía, estaban en paz. Al ver a esas personas así me asuste y me dio miedo, lógico. Le dije a mi amiga que tenía al lado “si me caigo sostenéme “ ella me dio de la mano y me dijo si caemos nos caemos juntas. Por fin vino María Livia tocó en la frente a mi amiga y ella cerró los ojos y se tambaleó pero no cayó, me toca la frente a mí, no caí pero sentí una energía distinta que me corrió por todo el cuerpo y en ese momento sentí que no tenía que preocuparme por cosas insignificantes. Tenía que enfocarme en mi misma, y agradecer por lo que tenía, que era mucho y no me daba cuenta hasta ese momento.

María Livia Galliano de Obeid es una simple mujer de 58 años, casada y madre de tres hijos y abuela. Un dia ella escucha una voz interior muy dulce que se presenta como la Madre de Dios y escucha a Jesús. Ella se distingue por vestir de largas polleras grises , zapatillas y camisa blanca y usa el pelo recogido.

Cuando estábamos comiendo , mis amigas estaban calladas. Algo fuera de lo común.

Después de una semana nos volvimos a ver , no habíamos hablado nada sobre el viaje.

Nos sentamos en la galería de mi casa , a merendar y mi amiga juliana me contó que había sentido un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo y que al volver de ese viaje sintio que debia cambiar sus actitudes , actos que tenia ella con respecto a la vida y a su familia. Yo no le había preguntado nada , solo la escuché: “Sentí que una paz interior se apoderaba de mí bajando del cerro , también al ver gente tan enferma estando ahí , luchando por su vida y por estar mejor , me sentí tan agradecida de tener salud y mi familia también gozaba de buena salud. Que tenía que valorar más a las personas que me rodeaba.”

Mi otra amiga , Lourdes , nos contó que sintió un fervor en el alma que también le recorrió todo el cuerpo pero ella, se desmayó y la sostuvieron de atrás los ayudantes de Maria Livia . La recostaron en el suelo y le pusieron un pañuelo en la cabeza . Como las otras personas que también se desvanecieron.

Esta experiencia no nos la olvidamos más , ya que es algo que compartimos todas juntas y no fue como las otras cosas que compartimos.Fue distinto , intenso.

Luego de una semanas una mujer amiga nuestra , publica una foto en facebook del viaje y al verlas y pasar una por una , veo que una de las fotos tomadas en el que estamos mis amigas y yo , se ve al fondo a la izquierda una cara. Si una cara , era la cara de la virgen de Salta. Cuando vi eso por supuesto que no creí , era imposible eso. Era creyente pero para esas cosas siempre tenía mis dudas.