Reversa


No sé qué es más difícil de digerir: el sentirse inmensamente bien o sentirse inmensamente indiferente a todo lo que le pasa.

Muy a menudo me cuestiono si lo que estoy haciendo me llevará a algún lado, si de verdad tengo algo que ofrecer.

La balanza se inclina en mi contra.

Los pensamientos se incrustan en mi cabeza, se meten en lo más recóndito de mi cerebro para recordarme todos los pasos que doy en retroceso.

¡La suerte no existe! Y sin embargo creo que la mala suerte siempre me acompaña.

Qué curioso que sea yo misma haciéndome caer.