Acá no es

Hace más o menos unos seis meses estaba caminando por Presidente Roca, en uno de esos días de primavera en los que todavía el clima no está muy definido y si caminas por el lado de la calle en el que hay sombra te morís de frío, pero si te cruzas al lado del sol hace un calor insoportable. Cuestión, me di cuenta de que había un cartel bastante extraño arriba del timbre de una de las casas antiguas tan particulares que tiene la ciudad de Rosario.

El cartel rezaba nada más que “Acá no es”. Me pareció un poco gracioso, era como un rezo demasiado nihilista que me hizo pensar en los chistes espaciales de un amigo al que le gustaba mucho ese humor un poco lisérgico y cósmico. Así que le saqué una foto y se la mandé por whatsapp, esperando a que me contestara.

Seguí caminando y después de un par de cuadras, me olvidé completamente del asunto. Llegué a mi casa al cabo de media hora y después de hacerme un café y sentarme en la computadora, revisé el celular. “Mensaje nuevo de Juan” decía la pantalla.

Abrí el mensaje que tenía una risa y un “Che, ¿dónde es eso?” a lo que contesté “Roca al 1100, más o menos”. La conversación quedó ahí y el capítulo de la serie ya me había cargado, así que me puse los auriculares y le di play.

Pasaron un par de horas, ya había terminado de ver el capítulo de mi serie y estaba leyendo el inicio de Facebook, cuando me salta la pestaña de chat de Juan.

- Loco… — decía la pantalla — No sabés, estuve averiguando un poco porque me quedé re intrigado sobre la foto que me mandaste.

- Ajá. — le contesté así para que se dé cuenta de que tenía pocas ganas de hablar, ya era muy tarde y la verdad que estaba agotado.

- Estuve buscando en Google y encontré una foto del mismo cartel, sacada con una cámara bastante profesional. Mirá… -

“Juan ha enviado un link”. Le di clic y me encontré con la misma casa de pasillo, el mismo cartel y la misma fachada antigua que había visto unas horas antes.

- Claro… ¿Y entonces? –

- Fijate que en Google te aparece la opción de entrar a la página que contiene la foto.

Busqué la opción y el buscador me llevó a una especie de foro, que tenía un formato bastante viejo y parecía estar en desuso hace años, porque la última publicación tenía tres años de antigüedad. El subforo rezaba “Mesa Redonda de Spammers XV” y parecía ser un post destinado a la publicación de cualquier cosa que los usuarios de aquel foro encontraran en internet. Había literalmente de todo; memes, fotos, links hacia páginas con notas periodísticas bochornosas a los políticos, relatos de experiencias extrañas y muchísima carcajada general.

Un usuario que firmaba con el nombre de Henry7, había subido aquella foto y había dejado un pie de foto muy largo como para que lo pueda transcribir literal. En resumen, decía que había encontrado esa casa mientras caminaba por la calle y le había entrado la curiosidad. Buscó en google por la foto y lo único que encontró fue un link a una emisora de radio, una radio casera que se llamaba “No hay nadie”.

El usuario, que por como escribía parecía bastante asustado, dice que en la página no había más que un botón en la parte superior que decía “Programas” y al darle clic, te descargaba un archivo comprimido que pesaba 300 megas. El título de aquel rar era Radio01.

Una vez en su computadora, descomprimió la carpeta y encontró en ella 10 archivos de audio de una hora de duración. Este tal Henry estaba bastante intrigado y al parecer tenía bastante tiempo disponible, porque si bien dice que no escuchó todos los archivos por completo, comentaba con detalle cada uno de los archivos.

Aparentemente, estas eran las grabaciones en crudo de cada una de las emisiones de los programas y tenían por nombre la fecha de transmisión. El último se llamaba “12/12/12” y a diferencia del resto, este había sido transmitido cinco días después del penúltimo, mientras que los otros tenían una semana de diferencia. El tipo cuenta que a medida que escuchaba cada programa, se sentía cada vez más extrañado.

Había sólo tres voces, que se llamaban a sí mismos como “Alguien”, “Algo” y “Cosa”. Alguien tenía voz de mujer, mientras que sus dos compañeros parecían ser varones. Si bien se podía distinguir el sexo y el tono de los hablantes, sus voces sonaban muy comprimidas y robóticas, cómo si el programa estuviera conducido por un programa de computadora mucho más avanzado que los que había en la época. Henry supuso que usaban un tipo de ecualización especial, así que no le dio demasiada importancia.

Los programas tenían la misma estructura: Una presentación de tres minutos, música por media hora, tres minutos más de charla y el resto del programa con más música. Lo que era llamativo era que las presentaciones y las partes habladas no eran convencionales, sino que parecía que aquellos conductores leían fragmentos de textos incoherentes entre sí al aire. Henry dice que pudo transcribir algunos de los textos y al buscarlos en internet, le aparecían como fragmentos de obras de Shakespeare o de Moliere. La temática del programa parecía ser rock alternativo experimental, así que sonaban bandas de shoegazeo inclusive canciones de música concreta, algo muy poco radial desde el concepto.

Pero lo más extraño sin lugar a dudas era que si uno le prestaba atención a la música que sonaba, podía notar que las voces seguían sonando de fondo, cómo si se hubieran olvidado de apagar los micrófonos, pero a un volumen casi imperceptible. Estas no decían más que palabras vagas e inconexas. Y en todos los programas, los últimos cinco minutos de música se transformaban progresivamente en ruido blanco que parecía ir y venir de un lado al otro de los parlantes.

A medida que avanzaban los programas, las voces se volvían más grotescas y distorsionadas y cada vez se entendía menos lo que estaban diciendo, sin mencionar que el ruido blanco abarcaba más y más tiempo del aire. La última emisión era pura y exclusivamente ruido blanco.

Terminé de leer el testimonio de Henry y la verdad que no entendía nada. Había tardado bastante leyéndolo (estoy seguro que olvidé algunos detalles menores) así que rogué porque Juan siguiera conectado.

- ¿Estás? — le escribí- Esto es increíble…

Tardó unos cinco minutos en contestar.

- Sí, estoy. Pero esto no termina acá. Este tipo dejó de publicar sobre las grabaciones después de un par de meses y quedó ahí. Pero yo seguí y creo que conseguí algo más.

“Juan te ha enviado un link”. Esta vez, este link no me iba a sacar de Facebook.

“No Soy Nadie” dictaba el perfil. No tenía foto de perfil, tenía tan solo 80 amigos y una foto de portaba que rezaba “Acá No Es”. Pude ver que su última publicación había sido en el año 2012, justo el día en el que el último programa de “No Hay Nadie” se había emitido.

- Boludo, estoy asustado. Si me estás haciendo una joda, pará. — le dije.

- No, te lo juro. La coincidencia es muuuuy rara. Fijate más abajo, vas a ver algo interesante.

Bajé un par de publicaciones y pude ver que había estado compartiendo los programas de la radio, links rotos que en ese entonces no me llevaban a ningún lado, pero que indudablemente habían funcionado. Uno de ellos era la dichosa página de la emisora, link que también estaba caído.

- Hay un detallecito también. — Juan seguía escribiendo — Fijate la información del perfil.

Y al hacer ingresar dentro de la información personal pública de aquel perfil, pude ver que la ubicación desde la que No Soy Nadie publicaba en Facebook era nada más y nada menos que “Pte. Roca 1169”.

- Che, estoy muy mambeado pero me está comiendo la intriga. — Estaba comiéndome las uñas de la ansiedad que tenía por conocer los detalles que nos faltaban de la historia. — Tenemos que ir a la casa y tocar timbre.

Juan estuvo un buen rato escribiendo, hasta que me envió un simple “¿Cuándo?”. Le contesté que al día siguiente y me mandó un “Ok, salgo de trabajar a las 16.” De más está decir que esa noche no pegué un ojo, esperando a que se hagan las cuatro de la tarde.

Por las dudas, en el transcurso del día, arreglamos de decirle a la mayor cantidad de gente posible de a dónde estábamos yendo, en lo que era un chiste no-tan-chiste, sólo por si algo nos llegaba a pasar. Todo nos parecía muy extraño pero nos divertíamos con la intriga, no queríamos que esa sensación terminara nunca.

Me encontré con Juan a un par de cuadras del dichoso lugar y estuvimos especulando sobre lo que iba a pasar cuando tocáramos el timbre.

- Imagínate si nos abre la puerta un tipo y nos invita a un programa de radio clandestino… — me decía mi amigo.

- Puede ser… -

Llegamos y estuvimos parados unos cinco minutos enfrente de la puerta, sin decir nada. Ninguno de los dos se animaba a tocar timbre, ni tampoco teníamos mucha idea de qué es lo que íbamos a decir si alguien del otro lado nos abría y nos preguntaba por lo que queríamos. Yo había pensado en contar toda la historia, pero si en aquel lugar no pasaba nada raro lo único que íbamos a hacer era asustar a los dueños.

Estuvimos otros cinco minutos discutiendo sobre quién iba a tocar el timbre, cuando de la casa de al lado salió una mujer de unos cuarenta años, que se nos quedó mirando.

- Chicos, ¿necesitan algo? — la mujer parecía un poco asustada, como cualquiera que nota que hay dos desconocidos en la puerta de su casa parados sin hacer nada.

- Hola, disculpe… — le dije- ¿Usted tiene idea de qué significa el cartel arriba del timbre de la casa de al lado?

- Ah… — la mujer cambió el semblante y empezó a reírse.

Cruzé una mirada con Juan y la seguimos mirando.

- ¿Qué tiene de gracioso?

- Nada, la verdad. Pero no son los primeros que vienen a preguntarme por aquel cartel. La verdad es que dice eso porque hace muchos años, esta casa era una casa de fiestas infantiles a la que venía muchísima gente. Con el tiempo consiguieron un local más grande en la calle de al lado y se confundieron en la numeración, por lo que la gente seguía viniendo al mismo lugar. Tuvieron que poner un cartel que decía “Acá no es” para que todos supieran que había un error en la dirección, pero la verdad es que hace unos cinco años que la casa está deshabitada. — La mujer nos sonrió y pudo notar la decepción en nuestras caras.

- Está bien, muchas gracias. Al fin resolvemos esto.

Dicho eso, nos dimos media vuelta y nos fuimos. Caminamos unas diez cuadras en silencio, hasta que Juan se tomó su colectivo sin decirme nada y yo seguí camino hasta llegar a mi casa. Estaba seguro de que la explicación no nos había cerrado a ninguno de los dos, lo podía notar en su cara. Había un montón de cabos sueltos que nos quedaban dando vueltas, que con el tiempo los fuimos discutiendo juntos. ¿Por qué poner un cartel con un mensaje tan críptico en vez de otro indicando la supuesta verdadera dirección? ¿Por qué habíamos encontrado un Facebook con uno de los supuestos integrantes de aquel programa con la ubicación exacta en aquella casa, que se encontraba deshabitada hacía diez años? ¿Cómo era posible entonces que el último programa tuviera sólo cuatro años de antigüedad?

Con el tiempo, fuimos perdiendo interés en el tema y dejamos de tocarlo en las reuniones de amigos, en las que fue furor apenas ocurrido todo esto. La explicación está, nunca nos convenció del todo (debo reconocer que a muchos sí), pero hasta el día de hoy siento que hay algo más que un error de numeración detrás del “Acá no es”.