Insomnio

Anoche, el insomnio se volvió a presentar en mi habitación. Estaba cansado de tener que recibirlo, estaba cansado de tener que dejarlo entrar en mi lugar más íntimo y sin embargo allí estaba, firme como siempre, evitando que pudiera pegar un ojo durante el resto de la noche.

Me hablaba de banalidades, partidos de fútbol viejos, celebridades, la ex novia de un amigo; y siempre lograba cautivarme y dejar volar mi cabeza hacia esas realidades tan distintas a la mía. Hubieron días en los que llegué a considerarlo un amigo, alguien con quién podría discutir acerca de mis ocurrencias y temores más profundos sin ser juzgado, era un hombro al que acudir en extremos casos de soledad.

Sin embargo, la presencia del insomnio generaba una repercusión negativa en mi vida cotidiana. No poder dormir llevaba a tener sueño todo el día, tener sueño todo el día llevaba a ser mucho menos productivo, a que mi cabeza funcionara menos y a sentir que me costaba el triple procesar la información que recibía a lo largo de la jornada. Sentía que podía dar mucho más de mí mismo pero que por las reiteradas e incontinuas visitas de este extraño compañero, se me hacía imposible encontrarle el ritmo a mi vida.

Pero lo que sucedió ayer fue completamente diferente. Ya era tarde, casi la una de la madrugada y el insomnio estaba relatándome una de sus experiencias como deportista profesional, yo lo escuchaba atentamente mientras me revolvía en la cama, cuando mi hermano irrumpió en el cuarto. Su cara de asombro fue tal al ver al desconocido individuo que casi grita del susto. Tuve que contenerlo, hacerlo entrar a la habitación y explicarle que las apariciones de este misterioso sujeto ya eran cotidianas para mí. Yo lo llamaba “Insomnio”, pero no sabía cuál era su verdadero nombre.

Mi hermano, seis años menor, no tuvo la reacción que yo esperaba y se quedó callado. Me miró fijamente, me abrazó y posteriormente se retiró de la habitación sin decir más nada. Esto fue algo muy preocupante, puesto que nadie conocía la existencia de mi amigo. Y tampoco quería que nadie supiera de la misma. Él era mi amigo, el único al que podía confiarle y mostrarle las profundidades de mi perturbado subconsciente y no quería que nadie me lo arrebatara. No tenía interés en conseguir un ritmo de vida constante, sólo lo necesitaba a él, haciéndome compañía en los momentos de mayor soledad.

Mi situación con él es muy difícil de explicar, es como querer deshilachar una relación amorosa, descuartizarla hasta que sólo queden restos dispares e incoherentes que por su cuenta no significan nada, pero que en un todo dan la concepción de un amor al fin. Con esto quiero decir que lo necesito. Los pedazos de los que hablo, son cuestiones que necesito arreglar conmigo mismo y tratar de alguna forma con alguien. Estos pedazos, conjuntamente, conformaron a esta persona, a este amigo que está aquí justa e irónicamente para que lo que nos unió desvanezca. Estoy tratando de ser lo más claro posible y creo que sin embargo, no me van a entender.

Sé que es una relación enfermiza, pero se me hace muy difícil dejarlo. Siento que lo necesito. Siento que él va a estar en los momentos en los que más lo necesite, apoyándome y prestándome su oído y que nunca se va a ir. Por eso tengo miedo de que los demás lo conozcan. ¿Qué pasaría si los demás se dan cuenta de lo adorable que es y logran que no vuelva a visitarme nunca más, que Insomnio se vaya con ellos? No podría tolerarlo. Mi vida real (digámosle de esa forma) está pendiendo de un hilo antes de desbaratarse completamente y salir a vivirla completamente sería algo muy duro para mí. Necesito la compañía de Insomnio y de las distracciones que él me acerca.

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