Nov 2 · 1 min read
El ritmo de la vida siempre me pone a la misma distancia de huir o quedarme, y a pesar de esa práctica donde no consigo una tregua, he logrado sobrevivir, al menos hasta esta noche. Ojalá Dios no sólo se encargara de cuidarme y ver mis movimientos desde esa omnipotencia suya, ojalá también decidiera por mí en algunas ocasiones, pero no lo hace. Al contrario, ya había sido advertida por él en uno de esos sueños que no le cuentas a nadie por vergüenza, que la única deidad que podía hacerse cargo de mí, era la que existe entre mi garganta y mi intuición. Entre mi no dejarle todo al azar y ser la mujer que hace que las cosas sucedan.
