La casa 7-D

Era una calle oscura, llena de casas enormes y sombrías. No hay rostros en la calle, solo mil puertas que llevan a historias impares de apariencias y fracasos disfrazados de valeverguismo.

Era de noche y vi un farol en tu puerta. No pude más, me sentí atrapada. En espiral caigo en el síndrome de Estocolmo y entro al jardín. Hay hojas secas en el camino a tu puerta, pero respiro profundo, me acomodo las tetas y toco la puerta.

Abrís. Sonreís y en ese segundo en que tu rostro cambia de sonrisa a interrogante y vas a abrir la boca para preguntar: me pierdo.

Y creo que podría hacerte el hombre más feliz sobre la tierra, cocinarte tocineta por las mañanas y dejar que te burlés de mi mientras fumamos marihuana. Al rato podés aceptar que soy de las que envía regalos improvisados con la única intención de que te moleste tu equipo de brete, que necesito comer algo dulce después de coger y que odio desayunar antes de irme a la oficina. Posiblemente podríamos no hacer planes y sólo quedarnos en la cama el domingo y hacer el zapping correspondiente entre el partido de fútbol de tu equipo y el del mío, por la tarde yo accedería a ver la película que escojás porque igual sé que me voy a dormir y vos sabés que te voy a perdonar cuando me despertés con la unica intención de meterte entre mis piernas.

Y creí, te volvería loco mi extraña costumbre de hacer cumplidos aleatorios y ponerle nombres a colores inexplicables, y que el día que dejé que escogieras la birra que querías de mi colección y vos señalaste la libre de glutten y me miraste a los ojos mientras yo asentía con la cabeza y me mordía el labio y preparaba el abridor sin idea alguna de que me confesarías semanas después que desde ese momento supiste que estabas enamorado de mi, mientras yo sabía que había ensayado ese momento mucho tiempo atrás para poder disimular mi cara, porque ibas a escoger la única birra que no quería darte y que no logré disimular mi cara porque escogiste precisamente esa.

Y pensé en como nos reímos el día que planeamos nuestra primera vez, y para ayudar con los nervios nos emborrachamos y al siguiente día intentamos borrar el fracaso, teniendo el peor sexo con goma de la historia de las borracheras con vino.

Y vos podrías agarrarle el gusto a mis mensajes sucios en público, a que mis uñas se hicieron para hundirse en tu espalda y que extrañamente amo lavar ropa semidesnuda. Que al final creo que el sexo arregla cualquier bronca, que me siento culpable por ello, que no te voy a besar si comiste mariscos y que hablo de vos con mis amigas con énfasis en que la tenés enorme, aunque en el fondo sabés que no es así.

Que sabés que a veces me pongo triste por la necesidad de hacer cosas de persona triste, que realmente estoy triste, que me encantan los juegos de pólvora y la pimienta negra. Que nunca estornudo una sola vez y que mi parte favorita de estar con vos es cuando te veo de lejos y sé que estás esperandome.

Que prefiero ir arriba solo si la luz está encendida, que le confesé a tu mamá que estoy enamorada de vos mientras te cocinaba porque estabas enfermo de un berrinche disfrazado de gripe, que te atrevés a confrontar mi doble sentido y que realmente creés que me podés hacer la mujer más feliz de la tierra.

-Eh, sí…

-Disculpe muchacho ¿esta no es la casa 7-D?

-Nooo, la 49 Alameda 9.

-Ah, perdón. Buenas noches.

Me voy caminando, de nuevo hacia la calle oscura, sin poder disimular la cara.

-Muchacha, aquí no hay ninguna casa con ese tipo de numeración.

- Ah, ok. Gracias.

Like what you read? Give Lazo a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.