Dios odia a Renoir, o quizá no tanto
“Cuando tu tatarabuelo pinte algo valorado en 78,1 millones de dólares, podrás criticar”, declaró la tataranieta de Renoir ante el #RenoirSucksAtPainting. El movimiento reclama la retirada de sus cuadros del Museo de Bellas Artes de Boston. Culminó con una manifestación con pancartas que rezaban “God hates Renoir”. Con motivo de la exposición en el museo Thyssen-Bornemisza titulada Renoir: intimidad vamos a comprender este revuelo.
Piere Auguste Renoir (1841–1919) fue un prolífico pintor francés, enmarcado dentro del impresionismo. Con un gran amor por la pintura, se caracteriza por escenas joviales, colores cálidos, sin mostrar lo negativo de la vida. Gusta pintar niños y mujeres, destacando en su etapa final los cuadros de bañistas. Además, fue padre del cineasta Jean Renoir.

Durante la exposición, se aprecia claramente su evolución. Pinceladas rápidas y gruesas con líneas difuminadas en escenas costumbristas, para terminar trabajando en el dibujo y lo definido a favor de las clases altas. Muchos de sus cuadros se tornan casi táctiles, típicamente impresionistas, por las grandes cantidades de pintura que generan volumen, como en el caso de Mujer con sombrilla en un jardín. Hasta aquí nadie odia a nadie.
A partir de la mitad del recorrido empezamos a entender a los críticos. Poco a poco su pintura se transforma monotemática. Con suficiente fama y contactos, realiza, casi exclusivamente, retratos para la burguesía. Refleja la belleza de las damas, familias felices u hombres ocupados en tareas eruditas. Sin más afán que mostrar una posición social, sus cuadros cuentan historias vacías sin profundidad intelectual.

Los últimos cuadros de la exposición nos terminar de posicionar. Una monografía de bañistas, todas ellas entradas en carnes, rubias, de pelo largo y con la cabeza pequeña, nos turban la vista y el pensamiento.
Tiene razón su tataranieta, Baile en el Moulin de la Gallete fue la segunda obra más cara de su época. Aunque también es cierto que el #RenoirSucksAtPainting existe. Sus cuadros se han depreciado. El Museo del Prado compró una de sus obras que posteriormente retiró, situación semejante tuvo lugar en el Louvre de París. Renoir ama la pintura, sabe que puede vivir de ella y ofrece grandes contrastes de principio a fin. Puede gustar más o menos, pero que Dios le odie es una cuestión etérea.
Actualmente se puede visitar esta exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

