Casa de bosque

Día 166

Estoy convencido de que los insectos me tienen vigilado. Hay una manera muy extraña en la que se comportan a mi alrededor, como estudiándome, apareciendo de vez en cuando por los rincones, debajo de las piedras, en medio del camino, encima de mis cosas, debajo de los puentes, entre las hojas de los árboles, debajo de la tierra, entre las tejas de la casa, sobre mi comida, en los agujeros pequeños de las paredes del baño. Es una conspiración.

Yo actúo naturalmente para que ellos no sospechen de nada.

Día 167

Mi mujer se ha convertido en sapo. Es una diminuta rana verde, no parece preocupada en absoluto, es más, me da la impresión de que se adapta bien a su nueva naturaleza animal. Yo estoy agradecido porque sé que lo ha hecho pensando en mí, para librarme de esta pesadilla de insectos, se pasea por la casa y de vez en cuando me doy cuenta que ha caído uno que otro en la trampa de su boca.

Día 168

Mi mujer es un cocodrilo volador, desperté sintiendo esa poderosa mirada reptil llena de ternura. Ya no había insectos en la casa, podíamos estar tranquilos. Esa mañana nos apetecía estar tendidos en la cama que se había convertido en un estanque poco profundo. Ella sumergida a la mitad con las alas fuera del agua, yo como un tronco a su lado, flotando silencioso. Después del mediodía acordamos levantarnos y contarnos nuestros sueños, besarnos con furia y seguir durmiendo un par de horas más. No pusimos el despertador y esa noche soñamos lo mismo:

Yo tenía acceso a los elevadores del edificio, ella estaba en la última planta mirando la lluvia a través del cristal. Me había disfrazado de guardia de seguridad aunque sospechaba que hubiera sido mejor ir con un traje común y corriente. El elevador se operaba con una serie de combinaciones de letras y números para ir a distintas habitaciones. Había que tener cuidado con las combinaciones porque ese elevador en específico también estaba conectada a la red desintegradora. Un código incorrecto y ¡pum!

Se abrió la puerta del elevador y me encontré con mi mujer que había estado mirando todo a través de mis ojos y cuando llegué; ella misma se miraba la espalda y sentía mi emoción. Esperó un poco para voltear y verme a través de sus propios ojos. Yo sentía su respiración agitada y un nerviosismo que iba en aumento.

Cuando me miró, dos reflectores se posaron en ella, y el público aplaudía con fuerza. Ella sonreía nerviosa, y se acercó al micrófono que tenía delante, con un ligero toque de sus dedos comprobó que estuviera encendido y entrecerró los ojos para intentar mirarme a pesar de la fuerza de las luces, reconoció mi sombra a lo lejos y después de una breve y enigmática sonrisa comenzó a cantar.

Día 169

Hoy ha estado lloviendo todo el día, todo está mojado. Incluso pudiera decir que nunca había estado tan mojado en mi vida, el olor a humedad se impregnaba en todas las cosas… Puse a calentar un poco de agua para preparar té negro y cuando lo serví sabía terriblemente a mojado, mis pies estaban mojados, mi lengua mojada y mis ojos insoportablemente húmedos. mi mujer captó de inmediato mi turbación y me propuso pasar el resto del día en el pozo de Dios. Eso me calmó y me animó.

Preparamos comida para el camino, nada sofisticado: tres mandarinas, taquitos de pescado y té de raíz del árbol de la finca. El camino a veces es muy corto a veces muy largo dependiendo del humor de la carretera. Ese día parecía estar contenta porque llegamos rapidísimo. Nos miramos contentos y satisfechos. Tomados de la mano nos aventamos al pozo, naturalmente yo nunca he sido un ser de agua, pero abrazado de ella me sentía tranquilo y seguro, además de que el agua era su elemento natural, mi mujer tenía la cualidad de tener un corazón de agua y sabía muy bien como adentrarse en las profundidades. Yo me dejé llevar hasta que encontramos la casa de bosque en lo profundo. Pasamos el resto del día deambulando por las habitaciones medio destruidas, yo haciéndome preguntas, ella tomando fotografías. Acariciamos tapices antiguos, escarbamos paredes buscando oro emparedado, nos probamos las pelucas de los anteriores residentes, tomamos el pequeño refrigerio en el gran salón y nos reímos con ganas de todo, encontramos la habitación de los espejos y nos multiplicamos, encontramos el sótano y le pusimos llave para que no salieran los monstruos, subimos al desván y nos encontramos a nuestros antepasados durmiendo, cerramos la puerta con cuidado para no despertarlos, dejamos la casa abierta al salir.


Originally published at aventadero.tumblr.com.

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