A medida que uno crece, los recuerdos que quedan son las peculiaridades. No recordás ya, como en este instante, que almorzaste ni qué tomaste en el bar la noche anterior. Pero si recordás a la perfección lo que tomaba la chica que te abrazó por la espalda pensando que eras el primo, y después cuando volteaste se volcó todo en el vestido de la vergüenza y el susto.
En tanto así, los recuerdos, son aquello que vale la pena. Por suerte para nosotros, sino miren lo que le pasó a Funes, el memorioso...
Esta vez recordando de nuevo alguna de aquellas cosas, decidí pensar por qué hice aquella vez tal atrocidad. Eso fue lo peor que hice por amor, fue una canallada, una traición y no a cualquiera; me traicioné a mi mismo.
La muchacha que me gustaba estaba conmigo, y nos pusimos a caminar. A mi me gustaba un montón y, sin embargo, jamás le había confesado mi amor. Me gustaba desde los primeros días, y aunque no habían pasado tantos yo tenía muy claro que me iba a cambiar la vida. Y así pasó...
Pero antes la traicioné. Muchísimo. Porque podía haber intentado conquistarla de mil maneras, pero elegí la peor... y me funcionó. La enamoré siendo alguien espantoso, la enamoré y me desenamoré de mi.
El calor del verano se presta para hacer cosas. Todas, y en este caso elegimos charlar. Muchísimo caminamos, nos llevamos una grata sorpresa al darnos cuenta de lo grandes que son los parques y lo largos que son los días... Pero igual no nos alcanzaban, teníamos demasiadas cosas por decir. O no, mejor aún, por escuchar.
Y ahí fue cuando me indicó de una mala experiencia que había tenido en una relación, y que no esperaba que se repitiera. Al instante uno piensa en cosas muy comunes como un engaño... La infidelidad es lo peor que le puede pasar a un adolescente promedio, te engañaron pensé en voz alta. No, me contestó muy a secas.
Me gusta que charlemos, porque te descubro. Me gusta descubrirte y que encierres cosas nuevas, lindas cosas nuevas acentuó.
Pero esto lo pienso hacer con todos -me dijo mirándome fijo y seria-, de acá en adelante. Hace muy poco, charlando con un chico me empezó a decir cosas bastante raras, y le dejé de contestar después de algunos días, por incomodidad... Me dijo cosas como...
Yo las escuché, sin decir absolutamente nada. Las escuché a todas las cosas que le dijo y me quedé mudo. No sabía si explicarle a alguien que me gustaba que estaba equivocada juzgando así, por temor a que si le decía lo que pasaba (había pasado en su conversación con aquel desconocido), huya despavorida a buscar al muchacho.
Asimismo en mis adentros no podía aguantar que alguien que había dicho esas cosas quede como un raro, un desubicado, un acosador o un sociopata.
No sé cuanto tiempo pasó después de que le dijera esa tarde: "Hiciste bien, la verdad, en dejarle de hablar. Algunos chabones están re mal de la cabeza", pero durante ese tiempo nos habíamos dado una cantidad considerable de besos, caminábamos de la mano, le habría escrito unas diez cartas o cuentos y (supongo) ya se me habría escapado el primer te amo.
Para alguien que no tiene demasiadas culpas, el hecho en cuestión era la diferencia entre los remordimientos. Yo, quizás hasta por un reto personal, quería decirle que ese chico del que me había contado meses atrás no estaba siendo todas las porquerías que le atribuimos aquella tarde, sino que estaba recitandole una canción.
Hermosísima, por cierto.
Probablemente nunca lo hice por vergüenza. Y no vergüenza a que me dijera que era un exagerado, o que hago lío por pavadas… Ya conocía esa parte de mi, no tenía que esconderme. Es que del amor se sabe poco y nada, más que es hermoso y unos cuantos versos que escribió "El Negro" Dolina al respecto.
A lo mejor, y nada más que a lo mejor, nunca le dije eso porque fue el día que me desenamoré de mi y recordarme teniendo la actitud más tibia del mundo, no me hacía gracia. ¿A quién le haría gracia saberse un tipo con tan poca personalidad?
Hoy después de mucho tiempo y muchos amores -pero sobretodo desamores- me encontré pensando en que jamás lo pude decir por una sola razón: yo le hubiera querido recitar esa misma canción alguna vez.
