Agüita

Nos dicen que lo que perdió a los nativos de nuestro continente
cuando llegaron los invasores fueron los espejitos de colores
embarcados desde Europa para burlarse de ellos.

Nos dicen que los hombres y mujeres que primero habitaron nuestra tierra
enloquecieron ante la insólita ofrenda de los marinos europeos
y que entregaron su riqueza a cambio de unos cuantos de estos espejos cualunques.

Hasta entonces espejos eran el agua de un río, un charco de lluvias o el mar
había espejos muchísimo más espejos
que los que cargaban los invasores en sus bandoleras inservibles
el espejo del otro
el que en los ojos de iguales
mostraba a nuestros ancestros sus orígenes, sus emociones
su quietud interior y transmitía sabiduría

¿Qué otra cosa podía ser la aparición de esos dioses navegantes
que olían a pólvora y mierda
y que cargaban espejos de colores
más que el prólogo de una invasión
mucho menos fascinante, indolente y atroz?

¿Quiénes de aquellos hombres y mujeres
tomarían en sus manos esos espejos con auténtica ilusión
si no era porque esos invasores insistían imbéciles
a punta de arcabuz?

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