El mundo, hoy
Si vos querés saber cómo está el mundo, mirate un partido de futból.
El futbol, espejo del pueblo, de la gran masa del pueblo.
Ahí lo tenemos a Messi que va a patear al arco y meter mil goles y ganar el mundial él solo. Que total ya tiene el marketing idóneo desde la cuna: Lío (que es mess en inglés) Messy (quilombero). Ya está, que no juegue más finales, si total ya está.
En torno al futbol el hombre del siglo xx…
En torno al futbol se ha dispuesto el hombre del siglo xx…
Se ha dispuesto, en torno al futbol, el hombre del siglo xx…
En torno al futbol se ha dispuesto el hombre del siglo xx…
El hombre del siglo xx se ha dispuesto en torno al futbol como lo habrá hecho aquel hombre primitivo de las cavernas en torno a aquel fuego…
El hombre del siglo xx se ha dispuesto en torno al futbol como en el tiempo de las cavernas se habrá dispuesto aquel hombre primitivo frente a ese fuego real y directo…
El hombre del siglo xx se ha dispuesto en torno al futbol como lo habrá hecho aquel hombre primitivo de las cavernas en torno a aque fuego tan real y directo.
El futbol usurpó la identidad del fuego hace unas cuantas décadas, y despierta la pasión que por imperativos morales, de momento no despiertan las guerras mundiales.
“Make goals, not war” parece el lema a la cabeza de todas las vinchas a partir de la década de los ’80.
El máximo atributo del futbol: las millones de escenas un poco románticas, un poco épicas, un poco violentas, repetidas, que da.
Me imagino que la FIFA se creo el año anterior al primer Mundial de Uruguay pegadita en fecha al crack del ’29 como un organismo dedicado a reavivar el fuego del panis et circensis romano.
Mirá un partido y ves el mundo hoy. Esperá un gol, vos que te acordas de la montonera sobre el hacedor, los besos casi comisura de boca y sudados que se daban después de agarrarse la cara con las dos manos, frente contra frente.
Hoy los goles se festejan como en el Fifa de la Play 1000, sin nadie, buscando la cámara para la dedicatoria global. Por ahí un compañero te sigue y te dice “muy bien, la concha de lora” apretando el puño, pero no siempre. A veces ni siquiera eso.