Experimentar

Pensando en este asunto de la experiencia. La experiencia vuelta como un fetiche de la actualidad, o de siempre. Tener experiencias es una virtud que todos buscamos y todos pretendemos y todos admiramos. Hablamos de la experiencia como de un poder misterioso que se tiene o no. Es una entidad en sí misma.

La experiencia se siente. Una persona con experiencia destaca, sin pretender nada, no pasa desapercibida. Tener experiencia ilusiona a todos nós, los representantes del pueblo. Queremos llegar como si un punto en un mapa fuera, a la experiencia.

Es evidente que la experienca se toma mucho más por algo bueno que por algo malo. De hecho, es lo que se rescata de una persona que ya no tiene nada por dar o decir sino sus experiencias. Vivimos para la experiencia.

La experiencia ajena del otro. Pueden venir una o seis mil personas a contarte su experiencia pero si no pasó por mí, no me pertenece. Así, en el experiementar y administrar resultados, se pierden o parecen perderse valiosas energías.

No es tanto practicar por perfeccionarse la ecuación, sino repetir para conocer, reconocer, poder reconocer, las variables. Poder anticiparse en cierta medida a lo que pueda suceder.

Por esta razón la experiencia puede ser la trampa máxima. No vivir nada como es, sino como según experiencias anteriores fue, ajustando la realidad del presente a supuestas verdades que pueden estar ya viejas y no se dan de baja. Estemos pila para reciclarlas.

Creería que la experiencia no vale por sí misma sino por la tranquilidad que da a quien la posee. Con el sentido que lo usan en portugués: probar. Es una información que el que cuenta con ella puede utilizar para que cada experimentación sea mejor. Como un ladrillo que se pretede sumar a una pared que nunca se empieza a construir por miedos o incertidumbres, lo contrario pasa si hay experiencia.