Lo que es y Lo que confiamos que será — episodio VI

Una avioneta que hace ruido a metralleta comienza a tomar altura. El Sol y Júpiter van sentados uno delante del otro, El Sol casi recostado sobre Júpiter. Gritan para escucharse.

-Ahora cuando lleguemos a los 2800, 3000 metros más o menos vos te corrés para acá, nos enganchamos, contamos hasta tres y saltamos, ¿ta?

-¿Así nomás?

-Así de una, sí. Igual falta un rato.

El Sol esconde el miedo que le provoca lo que acaba de escuchar.

-Tranqui, no pasa nada.

-No, ya estoy acá igual. Ya está. Che, ¿y vos saltás mucho?

-¿Yo? Todos los días, tres, cuatro veces. Los finde a veces más.

-¡Fa! Zarpado.

-Y te digo, lo disfruto como si saltara por primera vez cada vez que lo hago.

-Qué bueno, loco, qué zarpado. Sabés que yo vengo hace un montón pensando en hacerlo y todos con los que hablo me dicen que no, que pin que pan.

-Y, es otra forma de vida, ¿viste? Yo a esta altura necesito adrenalina para sentir que vivo, ¿me entendés?

-Y sí, me imagino. Estás en una muy buena.

-Está bueno, la verdad. Yo soy muy agradecido de la suerte que me tocó, te digo. Para mi no es un laburo, ¿me entendés? O sea, sí, no soy un inconsciente, pero lo hago contento.

-Muy bueno. ¿Desde cuándo venís haciendo esto?

-Que laburo de esto poquito, la verdad. Debe hacer un año o por ahí (Al escuchar esto, El Sol se alarma muchísimo), pero le tomé la mano enseguida. Hice bungee mucho tiempo y en un tiro esto es bastante parecido.

-¿Verdad?

-Y sí, es saltar y tener fe.

El Sol se queda mudo por 15 segundos. Luego retoma.

-¿Y antes qué hacías?

-Antes viajé mucho, ¿viste? Me encanta viajar. Es lo único que me gusta más que esto. Veo un hueco, al toque agarro dos boludeces y me voy a la aventura.

-La aventura del hombre.

-Tal cual.

-Viajar es masa.

-Pf, viajar es increíble, ¿vos qué onda?

-¿Cómo? No te escuché.

-Que vos qué onda. ¿Qué te gusta?

-Yo, viajar también. Me encanta. Volví hace unos meses de India.

-¡Uy, India! Las ganas que tengo de viajar por allá. Incroyable, ¿no?

-¿Cómo?

-Increíble dije.

-¿Pero cómo dijiste?

-Incroyable, increíble en francés. A veces se me mezclan los idiomas.

-Ah, okey. Mercí gokú.

-¿Qué onda India?

-Increíble, parece otro mundo.

-¿Y cuánto tiempo estuviste?

-Estuve un buen tiempo porque me quedé como 7 meses.

-Ah, piola. Te lo tomás en serio. ¿Por dónde anduviste?

-En Rishikesh me quedé.

-Rishikesh es re yogui, ¿no?

-Sí, yo fui a eso, digamos.

-Yoga, meditadita, dieta sana.

-Sí, un poco de eso, un poco conocer. Qué se yo.

Júpiter se abstrae de la conversación.

-Mirá este cielo, loco. No hay nada más lindo que volar. Decime que no.

-¿Nunca te ponés a pensar en lo que puede salir mal cuando saltás? Digo, con que una vez se te enrede un bleca de estos, la quedás.

-Ahora vas a ver, cuando saltás no pensás en nada, te olvidás de todo. Estás volando y ya.

-¿Y antes?

-Antes tampoco. A esta altura si me hago un análisis de sangre creo que me corre fe por el cuerpo. Ni se me ocurre, no se me cruza la cabeza. Cada salto es un acto de fe.

-Literal.

-Creo que eso es lo que me gusta. Bueno, ahí vamos.

Júpiter destraba la puerta de la avioneta y entre el ruido de la hélice y el sonido del viento ya no pueden escucharse. Le hace a El Sol señas de que se mueva de lugar y se baje las antiparras; luego se engancha por un mosquetón a su arnés. Levanta la mano y hace la cuenta.

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