Lo que es y Lo que fue — episodio IV

Dentro de un galpón. Ruido de amoladora y chispas que saltan por el aire

-Vení pipi, pasá que termino esto y ya estoy.

-Che, está hecho un quilombazo esto.

-Está, ¿no? En eso estamos, ya va a haber un poquito más de espacio.

-Che, ¿me vas a decir para qué querías verme o me quedo acá dibujado?

-¿Para qué queríá verte yo a vos? ¡Si sos vos el que vino! Corré todo eso de ahí y acomodate.

-Tené cuidado, que te cae una inspección, quedás hasta las manos.

Las chispas siguen saltando para todos lados

-No, ni me preocupo por eso. Viene bien la mano por ese lado.

-¿Qué estás cortando? Tapate los ojos. Si te salta una chispa a la cara te hace un agujero.

-No pasa nada. Como decía mi viejo, lo que no mata, fortalece. Pasame ese martillo, a ver.

-Tomá, ¿qué tenes que hacer?

(Plutón empieza a martillar)

-Un flaco me dejó para que le desaparezca 10 años de cagadas. No sabés todo lo que me trajo el hijo de puta.

-Siempre te quiero preguntar y me olvido…

-(interrumpe) Yo igual ya le avisé que no le puedo asegurar que pueda encargarme de todo. Y eso que estoy desde el viernes.

-Apa, ¿mucha matufia?

-Nada del otro mundo, normal… pero todo junto.

-Salado. Qué bien suena esa frase viniendo de vos.

-¿Lo del otro mundo? Pero de verdad, eh.

-Te creo, lo conocés bien. No sé cómo tendría que ser para que no entre en “normal”.

-Hoy en día se vive con poca intensidad en comparación.

-¿En comparación con qué?

-Con la capacidad que tenemos para transformarnos con lo que creemos doloroso o indeseable y que, SIN EMBARGO, cruza nuestro camino. Ni sufrir sabe la gente ya. No elabora, no suelta, no siente.

-Te iba a preguntar por lo que te traje la vez pasada.

-Ya me ocupé de eso, quedate tranquilo.

-¿Seguro?

-Sí pipi, olvidate. ¿Tenés más?

-Y…siempre hay una punta, no te voy a decir que no. ¿Así que entonces lo otro ya está?

-Ya re está.

-Ah, qué macana…

-¿Me vas a decir que te servía algo de eso que me trajiste?

-No sé si me sirve, exactamente. Pero quería revisar un poco por las dudas para estar seguro porque no me acuerdo bien qué traje.

Plutón lo mira con desconfianza. Parece a punto de revelarle un secreto.

-No sos el primero que viene con eso, pero porque sos vos y sabés cómo te aprecio, te puedo llegar a dejar que te fijes. Pero me tenés que dar tu palabra que no se lo decís a nadie. Y sólo esta vez, no se te haga costumbre.

Se saca los guantes de trabajo y camina hacia el fondo del galpón. El Sol se apura para alcanzarlo.

-¡Pero entonces no desapareciste nada como me dijiste!

-Bueno, si vas a perder el tiempo cuestionándome como hago mi trabajo, sigo con lo otro y te lo perdés. ¿Vas a querer mirar tu chatarra o no?

-Sí, está bien. Pero entendeme, yo te traigo las cosas y ya estaba tranquilo que me acabás de decir que yaestaba y ahora me decís que no.

-Mirá, yo milagros no hago, creo que a esta altura ya lo sabés.

-Me cago en vos, Plutón.

-Qué grosero viniendo de Ud., estimado.

-Dale, no me hinchés las pelotas. Si decís que hacés lo que no hacés, estás faltando a toda la fe que la gente deposita en vos. Es una manejo demasiado oscuro…

-¡Ah! El roto se asusta del descocido. Qué fácil juzgar a Plutón. ¿No será que molesta la profundidad y muchos prefieren acusarme de oscuro? ¿De quién son estos quilombos? ¿Míos?

-¿Me vas a decir que no sos oscuro?

-¿Ves? ¡Echelén la culpa al río! Es como el Río de la Plata. Todas las cagadas de la gente van a parar ahí y después todos se lamentan del color mierda del agua… ¡es el colmo!

-Dejame de joder.

-¿No te parece que uno tiene que echarle leña para que queme?

-Son dos cosas diferentes. Estoy de acuerdo, pero… mínimas garantías

-Qué garantía ni garantía. Si lo que quiere la mayoría de los que pasan por acá es sacarse el peso de encima. Que se haga cargo otro. Eso no me podés decir que no lo hago bien. Ahora, si te parece que mis honorarios son demasiado altos, te propongo que te quedes una semana y veas lo que es poner la carita.

-No te estoy discutiendo eso. Lo que te digo es que te tomás la atribución de no destruir lo que te traen para que destruyas. Eso no está bien, ¿me entendés?

-Es así, ¿qué se va a hacer? Yo nunca dije que destruyo; transformo. Lo que hago es transformar. Lo que tiene que morir, muere, haga lo que haga yo..

El Sol que está recorriendo los montones de cosas apiladas en cajones se para frente a uno y agarra algo.

-Acá está, encontré.

-Bueno, tratá de hacer rápido.

-Ya está, me llevo estos.

-A ver… ¿qué te llevás? Buen, están un poco fuleros pero en una de esas…

-Sí, creo que es un poco de mugre, más que nada. Voy a laburarlos.

-Igual, Sol, sabé que todo lo que pasa por acá le queda una cosa de transformación que me enorgullece, pero también me causa mucho misterio.

-¿A qué te referís?

-Que nada, que todo lo que pasa por acá cambia. No esperes que sea como creés que lo recordás. Con humildad, soy un alquimista de la concha de la lora, hasta yo me sorprendo. Toque lo toque, lo transformo. Nada, pero nada de lo que toco queda igual.

-No, ya sé. Igual yo tampoco soy el que fui. Confío en vivirlo nuevo.

-De una, dale. Bueno, vos sabrás. Lo que sí, ya con reincidencia no te puedo volver a ayudar. Si te lo llevás, firmá acá y te hacés cargo como cosa tuya.

-Ahí está.

-Perfecto. Y te repito lo que le digo a todos: lo hecho está hecho. Lo que está piola es ver de relacionarse con cierta paz con lo hecho para poder aprovecharlo a tu favor, de la forma que sea.

-Aprender algo.

-Ahí va. Suerte con lo que te llevás. Cualquier cosa (guiña un ojo), ya sabés.

-Dale, gracias, nos estamos viendo.

-Cuando quieras. Acá estoy, pipi.

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