Lo que es y Lo que nunca fue — episodio V

Una noche fresca en una kermesse de una hipotética localidad balnearia mezcla de El Bolsón y Cariló.

-Joven -una anciana sentada detrás de una pequeña mesa redonda llama desde el interior de una carpa apenas iluminada por una bombita de luz que cae por delante de la entrada.

-Joven, si me permite, puedo ayudarlo.

-Disculpe, ¿me habla a mi?

-Puedo ver que llevas una pesada carga sobre ti, vives con culpas. Puedo ayudarte.

-No, está bien, gracias. No se haga problema. Tal vez otro día.

La anciana lo sigue con la mirada y luego escruta su bola de cristal.

-Si no lo haces por tí, hazlo por la pequeña Isabel. Ella merece conocer la verdad.

-¿Cómo dijo? ¿Qué cosas sabe usted?

-Calma, muchacho. Sólo quiero ayudarte.

-Entonces déjeme en paz y no se meta donde no la llaman. No necesito de su blablerío. Mejor búsquese un trabajo decente o comience los trámites de su jubilación.

-Quisiera aliviar tus penas… si me permites unos momentos, quisiera hablar contigo sobre María Angélica. En realidad, ella desea hablar contigo y me ha pedido que interceda.

-Escúcheme bien. No sé de dónde sacó usted esos nombres, pero más le vale lavárselos de su boca o esto va a terminar muy mal.

-Sé que puedes recordar. Sé que el dolor de hacerlo es ardoroso, pero debes juntar coraje y enfrentar tus miedos. Yo te acompañaré.

El Sol la observa perplejo. Algo en su fuero interno se aquieta, abandona su rabiosa hostilidad

-Usted es…

-Mi nombre es Neptunia. Adelante, siéntate.

Antes de continuar la charla, la anciana se levanta elegantemente y suelta el lazo que mantenía abierta la entrada de su tienda.

-Así podremos conversar mejor.

-¿Cómo conoce el nombre de mi familia?

-Tu compañera me ha rogado para que llame tu atención.

-Eso es imposible.

-En el no tiempo muchos seres desean comunicarse con quienes seguimos en esta dimensión. Su deseo es promover la sanación de sus seres queridos para que no sufran innecesariamente.

-Eso es más imposible todavía.

-Voy a pedirte que te abras a la posibilidad de que no lo sea. Juntos, iremos mar adentro. Quítate los zapatos, pisa la tierra bajo tus pies y comencemos.

Todos estamos aquí contigo. Todos deseamos verte bien. Eso es. Respira profundo este delicioso aire, llévalo a tus pulmones muy lentamente. Relájate. Vamos a viajar juntos y a reunirnos con tu compañera. Toma este cuenco, bebe, es medicina. Es tiempo de sanar.

Sin percatarse, El Sol entra en un profundo estado de relajación. Neptunia vela por él durante toda la noche. Por la mañana mantienen el siguiente diálogo:

-¿Cómo te sientes?

-Sin palabras, pero muy muy bien.

-¿Por qué “pero”?

-Me resulta extraño no tener palabras e igualmente sentirme en calma. Gracias.

-Tú te has dado esta oportunidad. Me alegra. Ven, he preparado un té y unas galletas para que desayunemos.

-¿Fue real?

-¿Tú qué crees?

-Me refiero a si realmente sucedió.

-¿Sientes que sí o que no?

-Siento que sí, pero nunca sentí de esta forma.

-Lleva este sentir en ti. Será suficiente.

-Gracias Neptunia, de verdad. Perdón por mi reacción anoche. Estaba asustado. Ahora veo las cosas con mayor claridad.

-Nada que perdonar. El miedo nos hace actuar sin ser fieles a nuestra verdadera esencia. Ahora a seguir andando.

Neptunia y El Sol se funden en un abrazo eterno. Al abrir nuevamente los ojos, El Sol se descubre en su cama, la luz del día ilumina su habitación.