El día que creció mi hija.

La verdad es que nunca me intereso mucho la pesca, pero si me encanta ir a pescar. Me gusta porque solo voy con mi viejo, y es la mejor escusa que tengo para ir estar solo con él. Por eso nunca aprendí a hacer una línea, o a andar bien la tanza, o a cómo poner el ril en la caña. Me gusta que lo haga el. Me gusta mirar como lo hace.
Así que ese viernes estaba my ansioso esperando salir del trabajo para que mi viejo pase con la chata por mi casa y me lleve. Me acuerdo que Salí de la oficina y vine a toda velocidad a mi casa, aunque sabía que iba a pasar a la noche. Lo llame para apurarlo, para que venga antes, para poder charlar más tiempo. Hasta puse una escusa tonta, le dije que tenía que redactar algo para el domingo y que necesitaba su ayuda, pero en realidad era muy improbable que use sus sugerencias. Incluso me acuerdo del domingo y efectivamente no use nada de lo que él me sugirió. Ni una sola idea. En ese aspecto creo que somos muy diferentes.
Después de un rato llegó y tocó el timbre de mi casa, Salí a atenderlo y le hice pasar nos minutos solo para que salude a mi hija y mi esposa. Pasaron dos minutos y ya estaba liquidado, ya era hora de irnos. –Bueno vamos le dije. Y ahí Giuly (mi hija) preguntó: -¿Dónde van? Le dije que a ningún lado, que tenía que ayudar a mi papá a hacer algo. Antes de que naciera yo me prometí a mi mismo que nunca le iba a mentir en nada, pero ahí estaba yo, mintiéndole con cara de “que aburrido va a ser esto”. Le mentí porque sabía que ella iba a querer ir, pero salir a la noche le iba a dar sueño, hambre, frio, aburrimiento, y anda a saber cuántas cosas más atentarían a mi “salida de hombres con papá”.
Para salir a la calle en mi casa hay que pasar dos puertas y cuando pasamos la primera ella salió también y nos miraba, y enseguida volvió a preguntar: -¿A dónde van? Y mi respuesta fue peor que la anterior: -Acá nomas, por? Y ahí cambio todo. De repente su cuerpito dejo de ser tan chiquito, su voz dejo de ser la de siempre, pero sobre todo su mirada. Dejo de ser esa mirada tierna y cómplice de siempre, esa mirada de nena inocente llena de amor por su papá, para ser una mirada llena de intriga y de dudas, llena de desconfianza, mucho más profunda que siempre. De repente, a esa nena le entro toda su feminidad de golpe, toda esa esencia que tienen las mujeres, todo ese instinto de porquería que tienen para descubrir las mentiras, para distinguir lo que es falso de lo que es puro y con su mirada acusadora, su nueva mirada acusadora y femenina dijo en voz alta:-“Ustedes se van a la pesca”.

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