El hijo de puta.
En abril del año 87 entre al servicio militar, y me asignaron a Comodoro Rivadavia, en la división de comunicaciones. Cuando baje del avión, lo primero que pensé, fue que en la primera posibilidad de irme lo iba a hacer, sin importar como. Y así fue, en noviembre de ese mismo año ya me estaban dando la baja.
Pero lo importante fue lo que pasó en esos 5 meses. Todo lo que aprendí, todo lo que perdí, todo lo que gane, todo lo que soporte. Y lo que tuve que soportar fue mucho. Hambre, frío, dolor, sed, y gritos. Sobre todo gritos. Al principio era bastante molesto el grito constante de los superiores, pero de a poco y muy a mi pesar me fui acostumbrando. Cada vez molestaban menos, hasta que apareció un sub teniente.
El tipo gritaba y nos insultaba una y otra vez como todos. Aveces nos decía imbéciles, aveces inútiles, aveces pelotudos… Manejaba un abanico gigante de posibilidades que elegía al azar para insultar. pero uno de esos insultos, fue diferente a todos:-”ustedes son unos inútiles y unos hijos de puta”. Nunca habían insultado antes a mi madre, y nunca me costó tanto quedarme callado, inmóvil. Cada vez que veía al sub teniente me acordaba su insulto y crecía mi odio, pero nunca hice nada. No podía hacer nada.
Un día, ya fuera de servicio, lo ví sentado en un portal de una casa. Yo sabía que ahí vivía una noviecita suya y seguro la estaba esperando. No pensé en nada. Sólo caminé hacia el, y me paré en frente suyo.
-Yo soy Miguel, servi con usted en la división de comunicaciones.
El subteniente se paró, y yo seguí hablando, mirándolo directamente a los ojos.
-Usted una vez me dijo que yo era un hijo de puta.
Por suerte, el sub teniente se quedó inmóvil, parado, sin ninguna explicación en su cara, sin decir una palabra.