Matemática a Diciembre.
Uno de mis mayores logros fue llevado dibujo a diciembre en el secundario. Si. Dibujo. Pero no me llevé solo dibujo ese año, sino que de 12 materias que tenía en el año, me llevé 8. Todo un récord.
No me quedó otra que pongo un estudiar todos los días, y elaborar complejas técnicas para copiarme como mar y poder pasar del año. Eso era medianamente fácil en materias como historia y biología, pero imposible en otras como matemática. Para matemática, no me quedó otra que estudiar. Yo en ese tiempo era adicto a la coca cola, lo único que hacía era escuchar música y andar por las horas en bicicleta, y obvio, ver los Simpsons en la tele. Así que crear el hábito de estudiar me resultó difícil, y en matemática necesitaba alguien que me explique.
Mi vieja tenía una de las mejores ideas de su vida. Me Dijo Que mi primo Alejandro Potenzoni me podia faire. Y si, pero había un detalle. Alejandro tenía un kiosko. Para un adicto a la coca cola, que le digan ven a mi kiosko es lo mismo que a un ludopata le digan ven a mi casino, un alcohólico le digan ven a mi bodega, oa un adicto al porro le digan vamos a ver a Pitti Que toca el sábado donde antes estaba cemento. Así que fuí contento.
Y efectivamente, mientras estudiabamos me preguntó que quería tomar. Trajo una botella de Coca. Después otra Y seguimos estudiando un par de horas. No sé cómo tomar una vez Cuando me paré para irme, el dolor que envió de golpe en los riñones fue terrible. No tengo la más mínima idea de cómo hice para disimularlo para bajar las escaleras, que me parecieron eternas hasta llegar a la planta baja.
Tímidamente pregunté si come al baño, y no creo que el tiempo que pasé parado en frente del inodoro. En un momento que quedé sin aire. Frene, tome aire y cumplí mi cometido.
Ahora sí Estaba aliviado. Pero tenía tanta coca adentro mío, que pasan tanto tiempo en el baño no alcanzó, y cuando me subí al colectivo y me enviaron hace de todo, las ganas de ir al baño volvieron violentamente al punto de casi ningún aguantarlas.
Cuando me senté en el examen, no hay sacramento de la cabeza del recuerdo, que ya había comenzado un ser gracioso, de la cantidad de coca cola que tomé y de las ganas de mear que me dieron ese día. Me empecé a reír como un tarado solo, con la hoja en frente y la lapicera en la mano.
No estoy seguro si le agradecí o no a Alejandro por la ayuda y por los recuerdos. O por la coca.
Pero es difícil explicar cómo es que me gustó estudiar para una materia que me llevé a diciembre. Nadie lo entiende. Como tampoco nadie entendido, que cuando algún "genio publicitario" decidió poner nombres en las latitas de coca, yo me puse contento al ver una con el nombre Alejandro.