Antes de mear

Te lavaste los dientes. Te sacaste la ropa: escondiste las medias ya malolientes después de tanto caminar, despojaste a tu entrepierna del acoso del jean, despojaste también al jean ahora hueco del acoso del cinturón, doblaste como pudiste la remera que está a punto de entrar en la categoría de maloliente mientras pensás dónde esconderla mañana cuando repitas esta secuencia. Te metiste en la cama.

Todo está bien. Dormís con seis viajeros, seis personas ajenas a tu verdadero yo, en un cuarto que es generoso y alberga a más personas de las que debería. Todo está en silencio, y silencio es lo único que necesitás, así que todo está bien.

Pero, justo cuando entraste en perfecta conexión con tu lánguido colchón, descubriste que esa bonanza no era tal. Recordaste que olvidaste un paso: te faltó mear.

(Y recordaste, también, que tomaste tres vasos de agua antes de lavarte los dientes sacarte la ropa meterte en la cama)

A) El frío ya llegó para quedarse otra temporada, b) varios ambientes, luces y puertas se interponen entre vos y el baño, c) estás descalzo: en tu cabeza aparecen los motivos para que NO te levantes a mear.

Inquieto, emprendés el camino hacia el sueño. No sin antes tomar nota de tu incertidumbre escatológica. No sin antes reflexionar acerca de la importancia de ciertas decisiones.

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