Esta libertad

(circa agosto 2015)

Tienen nada. No es que no tienen nada, sino que de verdad tienen nada: árboles de coco, de banana, de papaya; cerdos, gallos, ratones, algún que otro perro o caballo desnutrido; muchas ventanas todasabiertas y pocas puertas ningunacerrada; tumbas y altares bien logrados para mantener cerca a los que están bien lejos. Para hablar de una típica casa samoana es necesario enumerar. Aquí hay suficiente para vivir, pero también hay un espacio garantizado para morir. Nada y todo a la vez.

-Acá no somos muchos. Vivimos mi marido, yo y mis ocho hijos.

Las rutas, hilos de pavimento carcomidos, circulan finitas a través de selvas incalculables y al filo de costas bravas. Iglesias más iglesias de católica cepa, kioscos despintados, insólitas e inhabitadas canchas de volley y básquet, estaciones de policía un tanto solemnes, chicos y chicas jugando a correr corriendo a jugar y casitas descascaradas se repiten. Pueblos y villas le piden permiso a la naturaleza para asentare de manera irregular sin preocuparse por sus límites. Siempre amarillos, rojos y violetas sobre un gran fondo verde. Mucho verde. Lo único claro acá son los colores.

-Tengo un hermano que estudia en Nueva Zelanda.
-¿Te parece un buen lugar?
-Sí, pero allá trabajan.

Todos los días tienen sabor a siesta (es difícil distinguir el lunes del jueves sin la ayuda de un calendario).

Durante los domingos, las iglesias abren sus puertas para celebrar una, dos, tres, cuatro misas antes de que se ponga sol. Se reza, se come y se toma mucho: el domingo es sinónimo de intensidad en Samoa.

-Lamolemoli
-What?
-How do you say please in Samoan?
-Fa’amolemole

Aquí es difícil acceder a un mercado si no se cuenta con la ayuda de un auto o la paciencia de los pies. Aún más difícil es acceder a la variedad: Samoa produce poco e importa mucho de lo -poco- que ofrece. “Panes” al arco; “arroces”, “harinas”, “fideos” y “galletitas” forman la línea de cuatro para defender el fondo; “ajos” y “cebollas” se paran como doble cinco adelantado y picante; “cafés instantáneos” y “cervezas de ingesta instantánea” aparecen por las bandas, y arriba, para no fallar, están “piezas de infinitos pollos” junto con “latas que enlatan animales que nadaron o pastaron en vida”: con este equipo forman casi todas las góndolas y vitrinas.

No, no hay mucho verde en el súper: el estómago no se toma vacaciones en Samoa.

-¿Sabe dónde hay un lugar para comprar comida?
-Pasen a comer con nosotros.

(Cuidado: la solidaridad siempre está al acecho en Samoa)

-Amar a todos y compartir con todos. Eso es algo típico de nuestra cultura.

El colectivo avanza tranquilo; avanza paseando, pasea avanzando. A pesar del calor, el conductor empina con oficio una botella de vodka.

Los pasajeros suben y bajan sin presión alguna. Alguien los acompaña desde y hacia el vehículo si cargan paquetes. No queda claro si este alguien es un copiloto, un amigo del colectivero o un samoano cualquiera. Tampoco importa.

-¿A qué hora cenan acá?
-Cuando tenemos ganas.
-¿Y a qué hora se van a dormir?
-Cuando queremos. Somos un pueblo libre.

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