Una zona neutral
Estuve enlistado entre el setentasei y el setentaiocho. Un díai nos levantaron y al tiro nos dieron un rife y nos subieron al micro. Nos tiraron también sei ocho balai de porquería que no servían para nada y encima teníamo que llevar unas mochila así gigante que no se podían cargar pa ningún lado. Nadie decía nada, nadie nos decíai hacia dónde íbamo. Yo veía que algunos de los pelaitos lloraban mientras viajábamos por lo que se decíai pero eran todos puro rumores. De golpe los micros pararon y estuvieron quietos ahí harto rato. Los pelaitos se bajaban a mear. Todai la cola de micros estuvo parada no sé cuánta horas hasta que nos enteramos de que habían firmado un acuerdo. Se suspendíai la guerra. Un tiempoi después de eso me tocó hacer guardia en uno de los paso andinos. Teníamoi de un lado la bandera nuestra y en frente la de Argentina. En el medio había una franja que era la frontera; era ahí una zona neutral. Si unos estabai de un lado todo mal y si los otro estabai del otro también todo mal. Y jodíamos ahí con los argentinos; jugábamos a la pelota ahí entre las dos banderas. También noi convidábamos cigarrillo: ustedes teníai unos de caja roja y blanca y nosotros teníamo los Hilton. A veces había naipes y hasta tomábamo mate.
No a mí no me jodai con eso de la guerra y esa huevá. Son todas cosas políticas que no sirven pa nada.
Pa nada sirven.