Escritos para La Catrina / 8. Misterio

Es misteriosa la forma que tiene de obrar mi mente. Digo misteriosa porque a veces es como si fuera un campo repleto de riquezas pero sin guardias, y tu presencia de ladrona ingresara a gusto y piaccere, a llevarse todo lo que me pertenece. Otras veces mi mente funciona como un fuerte infranqueable, donde nadie, ni siquiera vos podés entrar. Me genera misterio. Es rara.

En uno de esos recodos de mi pensamiento tu nave se volvía a estrellar, dejando solo despojos y chatarra. La vida en mi cabeza no era muy abundante en ese entonces; había líquenes, musgos y mucha humedad. Claramente había “algo” parecido a la vida.

Cuando te recuperaste del choque vi como observabas lo que pasaba ahí dentro como confundida, buscando respuestas que no había. Yo solo atiné a mirar para adentro y te vi, sabiendo que esto iba a terminar mal. Al menos para mí.

Caminaste por el bosque de mis pensamientos más oscuros y como no encontraste la luz, decidiste quemarlo todo.

En un momento, calculo que cansada por tanto trajín, te quitaste la ropa y decidiste bañarte en la fuente de mis lágrimas. Tu forma perfecta quedó ahí, como si la mismísima agua que tu piel tocaba, quedara sucia y mancillada de tanta belleza. Será por eso que cada vez que te pienso se me escapa un llantito que te hace irte de mí, gota a gota. La Purificación lleva su tiempo.

Después de descansar saliste a cazar, no quedaba demasiado alimento en tu nave y no tuviste mejor idea que comerte a mis demonios. Bueno, por eso debería agradecerte… eran un dolor de cabeza.

Caminaste en círculos por un buen rato buscando, olfateando, rompiendo, talando, quemando, volteando, destruyendo, ahogando, oxidando, cremando todo lo que había a tu paso.

Me hiciste mierda.

En un espacio de chatarra encontraste repuestos y respuestas.

Tu nave estaba lista para irte.

De nuevo.

Dejando un mundo muerto.

Olvidado.

Pero quedaron musgos y líquenes.

Y algo parecido a la vida.

Ojalá vuelvas algún día a quemar el resto.