¡MAMITA, QUÉ CUERPAZO!

O mejor dicho: La delgadísima línea entre el piropo y el acoso.

La sociedad está hecha mierda. El patriarcado. La opresión. Todo se ha convertido en acoso.

Basta.

Por lo menos por un segundo lean y hagan silencio para poder explayarme con dos ejemplos concretos, de lo que interpreto y creo que es cada una de esas cosas. Luego tienen la libertad de putearme, debatirme, hacerme bullying, etc. en la sección comentarios de la red social a la que dicho texto esté subido.

Vamo’ a los bife’

El Piropo:

Imaginemos que vamos caminando por la calle y de repente nos encontramos cara a cara con un espécimen bello (sin importar el sexo, porque al hablar de poesía, de sensualidad, del cuerpo y del amor, podemos hacerlo para ambos bandos) de esos que irradian energía por los poros, de los que parecen una escultura en carne viva de Michelangelo, esos que por dentro decimos “ah! la mierda! que preciosura”. Esas personas que sabemos, muy por dentro, que jamás volveremos a cruzar en nuestro camino. Sabemos bien por dentro que si deseamos generar un impacto en dicha persona, primero trataremos de llamar su atención. Bien podríamos hacerlo al tirarnos debajo del primer colectivo que pase, fingir un ataque epiléptico o representar una escena digna de “Celeste, siempre Celeste” en medio de la vereda. Pero no, hoy NO vamos a hacer eso. Hoy vamos a hurgar en el altillo de nuestro maravilloso y abandonado subconsciente para encontrar la combinación exacta de palabras que demuestre lo que estamos sintiendo en ese momento.

Pausa sumamente importante para dar un mensaje del redactor: De ninguna manera este humilde texto quiere decir que salgan a la calle a gritar piropos por todos lados, sin embargo, si lo llegasen a hacer: por favor, utilicen palabras lindas. Para eso está el diccionario de sinónimos.

Volviendo…

Estamos en la calle. Esta persona se va acercando y ahí, en ese momento de lucidez, expulsamos una catarata verbal donde pretendemos expresar nuestra pulsión, nuestro más profundo deseo y lo que nos sale, es una tartamudeada similar a esto:

“El cie…El Ciel… El cielo es celeste y tus ojos también. Me gustan los ojos.”

Ahí es donde tenemos que repensar lo que acabamos de decir. A esta altura, la otra persona nos estará observando como si tuviéramos una especie de retraso o si somos un acosador en potencia.

Gran momento para recapitular y reafirmar nuestra intención de invitar a dicha persona a un café, un netflix n’ chill o simplemente una salida al boliche donde ustedes jóvenes salen a bailar.

Entonces, en ese ínterin maravilloso elegimos un nuevo compendio de palabras y elaboramos algo así como:

“En ese infinito mar celeste, el cosmos me envuelve, me vuelvo pequeño y me adormezco en la tibia caricia de tu mirada.”

N.de.R: este piropo no está probado empíricamente, por lo que no puedo asegurar que de ningún tipo de resultado. Si por una de esas putas casualidades de la vida usted lector, lo probó, me avisa como le fue y vemos de escribir un par más.

Ahora, pasemos a investigar la contraparte del piropo. El acoso.

Acá se vuelve relativamente más fácil porque no hay que pensar mucho…bueno, al menos si lo hacemos con la otra cabeza.

El Acoso:

“Mamita, con ese culo, te llevo a cagar a casa.” / “Te la chupo hasta que te queden los ojos blancos”

Así de fácil se puede ser violento.

Las cosas como son: el acoso es acoso y el piropo, poesía.

Todavía se puede cambiar. No dejemos que el romanticismo muera o que la palabra bien dicha desaparezca.

Todavía podemos mejorar y se empieza con respeto y educación, pero eso es una discusión para otro día.