Las deudas pendientes del emprendimiento social (Parte 1)

Cada vez que me invitan a revisar proyectos o ser jurado de alguna competencia, intento aceptar. Disfruto desde las Finales más improvisadas con proyectos que nacieron como letras desordenadas en una servilleta, hasta los que con fuegos artificiales hacen alarde de su amplio recorrido y experiencia, a punto de dar su salto de gloria. Es un cable a tierra conectarte con aquellos que desde cero, están comenzando a hacer algo para cambiar el mundo. Me permite constantemente cuestionarme qué más podemos hacer para que toda esta creatividad y voluntad, logre convertirse en productos y servicios que generen bienestar.

También es cierto que después de ver tanta pasión y talento me empiezo a cuestionar: ¿cuántos de ellos llegarán a buen puerto?¿Cuántos podrán generar soluciones sustentables?

He sido testigo de varios emprendimientos que no sólo han generado soluciones, sino que su impacto ha ido en aumento. Pero la primera deuda que sigue teniendo el emprendimiento social es demostrar que esto va más allá de un par de PYMES con buena narrativa y prometedores resultados iniciales, en dejar de ser la suma de eternas promesa y entender que estas múltiples y simultáneas iniciativas locales son también piezas de un cambio sistémico mayor, en el que el único modo de hacerlo efectivo, es si cada uno de esos grupos o individuos se conectan, conversan y se complementan. Pero más importante aún, que se sientan parte de un Todo mucho mayor que ellos y de su propia empresa social. Si no nos damos cuenta de eso, seguiremos siendo una anécdota buena onda en la Historia.

Si un Emprendimiento Social no funciona, si uno cae… caemos todos. Por ello es que tenemos en nuestras manos la responsabilidad de validar una nueva forma de hacer las cosas. Que nos vaya bien a todos es el único modo de no ser un bluff muy caro. Así, es necesario ver a estos emprendimientos más que como productos o servicios que puedan generar el ansiado Impacto Social, como la validación de una teoría sobre el desarrollo y la resolución de problemas sociales a gran escala. Verlos como una forma de elevar a la Humanidad a un mayor nivel de conciencia.

Desde el 2010, cuando comenzamos a ver acciones coordinadas y masivas a lo largo de Latinoamérica para impulsar el Emprendimiento Social como un real motor de desarrollo para la región, hemos recorrido un largo y lento camino en el que hemos recogido grandes aprendizajes, y hoy es nuestra obligación transmitirlo para que la curva de aprendizaje se acorte.

Como anécdota, en una de nuestras principales actividades, los Desafíos de Innovación que hoy componen un departamento de I+D de casi medio millón de creativos, se ha respondido a 122 llamados realizados, recibiendo más de 44 mil propuestas en un distinto nivel de desarrollo. Si aproximamos la inversión en tiempo y dinero promedio de estas ideas, por el sólo hecho de postular, a 400 USD cada una (según una convocatoria estándar) podemos decir que sólo a nivel de ideas y creatividad para resolver problemas, la sociedad civil que participa en nuestra comunidad ha invertido más de 17,6 millones de dólares en los último cinco años (sin contar con el Capital Semilla entregado y el levantamiento de inversión realizada).

Si sumamos este esfuerzo, a nuestras actividades restantes y a todos los demás actores del ecosistema que apoyan la Innovación y el Emprendimiento Social en el mundo, es imposible acotar este movimiento a un par de startups sociales con un lindo discurso. Es innegable que existe una masa crítica para reconstruir la sociedad que queremos sobre los pilares de la colaboración y empatía. Es claro que los emprendedores sociales unidos, con soluciones que mejoren las vidas de las personas que lo necesitan son más fuertes, innovadores, masivos y efectivos que cualquier política pública, programa social u objetivo del milenio.

En fin, el largo y duro proceso de aprendizaje que se vive en esta dimensión en la que deben conversar lo “social” de una ONG y lo “eficiente” de un negocio, parece ser cada vez más un arte que una ciencia. Al final del día, no creo que nos debamos ni a los accionistas, ni a los clientes/beneficiarios; ni a los equipos ni a las ideas, Nos debemos a algo mayor: a una masiva red distribuida de generación de bienestar que debe conectarse y conversar para trascender. Somos todos una pieza de algo más grande…sólo si somos capaces de probar la hipótesis, claro.

Continúa…