Reflexión: Tenemos una sociedad con pésima información y escaso debate.

El Pensador de Auguste Rodin

Somos parte del problema… y de la solución.

En la sociedad moderna donde el ritmo de vida es cada vez más acelerado, no es sorprendente que las personas no se detengan demasiado a pensar y reflexionar sobre las distintas cosas que afectan su vida. En el transcurrir del día a día, el tiempo que ocupan las obligaciones y responsabilidades o sencillamente la falta de interés hacen comprensible que esto pase, pero no debería ser aceptable si aspiramos a mejorar como individuos y en conjunto como sociedad.

Uno de estos aspectos fundamentales para nuestra vida es como percibimos la realidad y como continuamente tomamos decisiones basados en esta visión parcial e imperfecta de la misma. Es sumamente importante entonces evaluar cómo nos las arreglamos para obtener y procesar la información necesaria del mundo que nos rodea y que nos hace posible formar esta perspectiva de la realidad.

En la era de la información en la que vivimos, paradójicamente, es más difícil estar bien informado debido al constante bombardeo de información de muy diversas fuentes al que estamos sometidos diariamente. Esto se dificulta más aún cuando los generadores de esta información, por un sin fin de razones que no son el tema central de esta reflexión, han perdido toda cuota de rigurosidad y profesionalismo para desempeñar tan importante tarea.

Pero a pesar de esto, una gran parte del problema y también de la solución somos nosotros mismos, los receptores somos los tenemos la capacidad y el deber de ser críticos y tomarnos el tiempo necesario para analizar y comprender qué es lo que nos intentan comunicar y por que.

La falta de responsabilidad con la información.

La facilidad y rapidez con la que se difunden, comparten y se reproducen todo tipo de noticias y otras informaciones mediante las redes sociales plantea un escenario por lo menos preocupante, ya que en mucho de los casos lo que se puede leer en estas redes ha sido compartido sin ni siquiera leer el contenido y tan solo basados en el título o la imagen que acompaña el mismo.

Teniendo en cuenta esto es difícil pensar que se tome el tiempo de comprobar si el título refleja de manera adecuada lo que está plasmado en el cuerpo del artículo, si la información proviene de una fuente confiable o ocuparse de contrastar con otras fuentes que puedan dar una visión distinta sobre la temática tratada, simplemente asumimos que todo este trabajo lo tiene que haber hecho otra persona y que lo que estamos leyendo tiene que tener un sustento en la realidad.

Como si lo anterior no fuera suficiente, a esto se le suma el hecho de que lo que compartimos es aquello que se alinea con nuestra forma de pensar y de ver el mundo, esto como una manera de reforzar nuestra idea de que lo que pensamos es lo correcto. Pero dada la falta de análisis, autocrítica y búsqueda de otros puntos de vista esto nos lleva a encerrarnos en una burbuja de la cual es cada vez más difícil salir.

Escasez de argumentos sólidos y poca tolerancia para debatir.

Hoy en día encontrar argumentos sólidos es casi una odisea, generalmente se tiende a repetir una y otra vez lo que otros dicen, e incluso peor, cosas que no se tiene la certeza de que alguien haya dicho. Cuántas veces hemos visto supuestas frases célebres dichas por tal o cual científico famoso, actor, político, etc.

Es nuestro deber chequear si lo que vamos a difundir es verídico ya sea que estemos de acuerdo o no con el contenido en cuestión y no caer en la tentación de hacerlo porque esto le dará más veracidad a nuestros propios pensamientos y creencias. Es alarmante como se ha vuelto el pan de cada día la utilización de falacias, algunas fácilmente reconocibles y otras no tanto, pero que van disminuyendo paulatinamente la calidad de la información y de los argumentos.

Hoy en día discutir o debatir sobre casi cualquier tema se ha vuelto prácticamente imposible, ni hablar de temas que pueden ser considerados más serios como la política, religión, entre otros. La gran carga emocional que se confiere al hablar sobre ciertos temas hacen muy difícil que se traten con objetividad ya que las ideas contrarias a las propias se perciben como ataques, de esta manera se recurre a todo tipo de tretas para lograr “ganar” la discusión y demostrar que tenemos la razón y que el “adversario” esta equivocado, sin darnos cuenta que desde ese preciso momento ya hemos perdido dado que no vamos a sacar nada positivo del debate y dejamos pasar la oportunidad de enriquecernos con las ideas y perspectivas del otro.

¿Esto es una batalla perdida de antemano?

La verdad que en lo que a mi respecta no tengo demasiada esperanza en que las cosas cambien en este sentido, pero con esta reflexión que en principio es para mi mismo, espero que aunque sea unos pocos piensen sobre el impacto que esto tiene en sus vidas y en la de los demás, y que gracias a estas palabras puedan estar más alerta y contribuir a que cada vez estemos mejor informados para tomar mejores decisiones que nos ayuden a crecer individualmente y como sociedad.