UNA VIDA EN DOS RUEDAS

Juan Ramírez Maturana de 47 años. Es un personaje querido dentro de los pobladores en San Vicente de Tagua-Tagua. Posee un taller de bicicletas ubicado en Exequiel González #1141. Un hombre trabajólico y que ha tenido que superar varios impedimentos para conseguir el reconocimiento de sus pares.

Un pequeño taller repleto de bicicletas por reparar y otras tantas ya listas para retirar, Se ha mantenido en pie durante estos últimos 19 años. y compite palmo a palmo junto a los grandes locales de la ciudad. Todo este éxito se debe en gran parte a su dueño, Juan Ramírez que comenta el reconocimiento de su taller: “Hace diez años deje de comprar repuestos, solo tengo lo básico… cuando viene un cliente y necesita algo que no tengo, le digo que compre en otro lado, pero luego vuelven porque quiere que aquí se lo arreglemos” pero en su juventud su intención no era la de reparar.

La mente juvenil de “Juanito” (como es reconocido en San Vicente), más allá de reparar, pensaba en competir. Durante su adolescencia fue un prolifero ciclista nivel Junior. Pese a su dificultad física (nacer con la pierna izquierda más corta) fue miembro importante del Equipo Valenzuela, de San Vicente en diversas competencias regionales, cuando llegó la adultez su impedimento físico le dificultó alcanzar el rendimiento óptimo para ocupar las primeras plazas en las distintas pruebas. Por este motivo, además del robo de su bicicleta decide retirarse por completo del ciclismo en 1991.

Hoy y luego de trabajar en distintos talleres ciclísticos como Taller Valenzuela (mismo dueño del equipo de ciclismo) y El Rayo, Juan trabaja arduamente desde las 9AM hasta las 20 horas, de lunes a sábado, donde él va relatando en medio de tuercas y llaves inglesas: “estos años han sido duros… La bicicleta dejó de ser mi alegría, se convirtió en mi trabajo y si no se trabaja no se gana”. Reconoce que se gana bastante, pero mantener el taller y pagar las deudas hace que Juan y su familia de cuatro hijos vivan con lo justo y sin muchos lujos.

La bicicletería se llena de clientes, buscando los trabajos más simples como suministrar de aire las llantas de sus bicicletas hasta otros que buscan una remodelación completa. “A mi taller vienen de todos lados, muchos de ellos desde que empecé a trabajar aquí e incluso me conocen del mundo ciclístico o cuando trabajaba en los otros lados”. Hablando sobre lo que viene para su taller analiza “No me puedo pasar el día pensando en el futuro, pero me gustaría que mis hijos siguieran con esto, aunque lo veo difícil… quizás el chico…” refiriéndose a Sebastián de tan solo cuatro años.

Los oficios parecen ser algo que poco a poco comienzan a perderse en nuestro país. Si bien el mundo de transporte en dos ruedas ha tenido un reimpulso en los últimos años, nuestro personaje es autocrítico respecto al tema. “Ahora todo es desechable. Se compra algo, deja de funcionar, se bota y se compra uno nuevo… Yo no, y esa es mi ventaja, yo no la cambio, la reparo”. Han pasado 34 años desde que un niño con sueño de ciclista reparaba su bicicleta a sus cortos 13 años. Hoy Juan se ha hecho un espacio en la ciudad como uno de los más connotados reparadores del sector.