En confianza todo es más fácil


Hace unos años, cuando implementamos el sistema público de bicicletas en la Ciudad de Buenos Aires, muchos aseguraban que el programa iba camino al fracaso porque se iban a vandalizar las estaciones y las bicicletas públicas. Argumentaban que nadie iba a cuidar algo que no era propio. Hoy, años más tarde, vemos que nada de eso sucedió: cada día, los vecinos realizan más viajes con este sistema, con un nivel de cuidado por las bicis públicas, que son de todos, mucho más alto que el que nadie haya pronosticado.

A menudo, los argentinos tendemos a hacernos eco de un estereotipo que nos describe como egoístas, desconfiados y cultores del “sálvese quien pueda”. Mi intuición y mi experiencia en política en los últimos años me dice lo contrario: tenemos un capital de confianza importante, frecuentemente subestimado, que puede potenciarse desde una buena gestión para hacernos la vida más fácil y disfrutable.

Confiar en el otro implica menos fricciones, menos costos, menos estrés y una mejor calidad de vida.

La confianza interpersonal es una variable difícil de medir, pero las pocas cifras que existen respaldan esta intuición. Los argentinos, por ejemplo, estamos diez puntos por encima del promedio de confianza interpersonal de América latina, y muy arriba de Brasil. Los emprendedores que se embarcan crecientemente en proyectos de “economía colaborativa” (con iniciativas para compartir transporte, vivienda, etc) me dicen que la adopción de estos modelos en la Argentina es más rápida que en otras partes del mundo.

Es una buena noticia: las sociedades que alcanzaron buenos estándares de desarrollo lo hicieron sobre una base de confianza elevada entre sus habitantes. La confianza y el desarrollo se retroalimentan a medida que se van subiendo escalones. Componen un círculo virtuoso.

Desde la gestión en la Ciudad venimos promoviendo sin pausa y con entusiasmo las modalidades colaborativas, jerarquizando los espacios públicos, las áreas de “co-trabajo”, los laboratorios y las iniciativas para hacedores. Todos los avances en gobierno abierto, donde la ciudad está a la vanguardia a nivel nacional, van en línea con esta filosofía de compartir, al igual que los hackatones o el aprendizaje colaborativo que se fomenta desde las academias para emprendedores. Las nuevas tecnologías tienen mucho para aportar en este sentido.

Con medidas adecuadas que cimenten y expandan este capital de confianza, construir la Argentina con la que todo soñamos va a ser una tarea colectiva más fácil, más rápida y más fluída. Hay ejemplos de sobra para demostrar que es posible.