ESPEJOS

Podríamos habernos encontrado aquella tarde en una terminal, y yo hubiera llegado con algunas palabras preparadas para ponerme al frente tuyo y sin ningún temor decirte: “Disculpe señorita, si acaso lo que define nuestra personalidad son un montón de cosas que sí nos gustan de nosotros mismos, ¿por qué insistimos en seguir siendo todo eso que no nos gusta ser?”. Y mientras tanto, vos hubieras mantenido tus ojos fijos sobre mi mentón, tan concentrada como si una película completa de errores se expusiera por primera vez en tu cabeza, y levantando la mirada me hubieras interrumpido para preguntarme: “¿cuánto tiempo pensás quedarte?”. Y yo te hubiera respondido: “para siempre”.