LA HISTORIA DE AMOR MÁS HERMOSA
La mayoría de las historias tienen un punto en el cual el lector pierde el interés y pasa de página sin siquiera prestar atención. Es casi como un sesgo macabramente preparado por el autor, para que sólo aquellos que están realmente dispuestos a llegar al final reciban la totalidad del mensaje.
Pero lo que el propio autor ignora en su rebuscada técnica, es la curiosidad de quienes -a riesgo de no comprender nunca el concepto- insisten en apresurar la lectura ignorando párrafos enteros, sólo para afirmar de manera sumamente equivocada que en algún momento, pudieron vivir tal historia por completo.
Vos entraste a mis días como cualquier puerta que la brisa empuja en una fría tarde de otoño, y yo, como nadie lo haría, corrí a cerrarla de inmediato para salvar el calor que aún habitaba en mí. Y elegiste quedarte, y elegí cuidarte.
Y confundido por el interés de saber con quién compartiría mi vida, y acostumbrado también a ciertos arrebatos típicos de quien lee en soledad, adelanté a mi gusto algunas hojas para saber de qué iba esta historia, y fue así que cometí el error de revisar entre tus cosas, para encontrarme con todo lo que con la más justa razón, jamás hubieras sido capaz de contarme.
Y ahora quizás, por querer entenderlo, tarde, vuelvo una y otra vez a aquel pasaje del libro que por descuido y sin saberlo abandoné, para entender que debería haber confiado en la capacidad del autor, en la serenidad con la que sus letras fueron dispuestas, en el tiempo dedicado a hacerlo de la mejor manera. Porque a pesar de que intente ignorarlo, seguiré siempre triste pero seguro de no haber aprovechado mi oportunidad de vivir de verdad y en primera persona la historia de amor más hermosa.
