REVANCHA

Hay miedos que desaparecen, otros que se olvidan y hay algunos que están ahí, que eligen quedarse. Quizás porque están cómodos, o quizás no nos animamos a echarlos, porque claro…les tenemos miedo. 
A estos miedos, que a veces nos acompañan desde chicos, como el miedo que nos atraviesa la médula cuando estamos solos y escuchamos un ruido en medio de la noche, o ese miedo estúpido que nos hace mirar debajo de la cama aunque estemos acostados en un sommier, a estos miedos no nos enfrentamos, nunca lo hacemos. Y dejamos que sigan ahí, algunas veces acompañados de miedos más adultos y responsables, como el miedo a enfrentar a tu jefe y pedirle un aumento, o el miedo que te paraliza cuando ves a esa chica, con el lunar cerca del labio, bailando en medio del boliche 
y no te deja ir, y hablarle. 
Y están, y viven con nosotros cuando en realidad deberían ir muriendo. Deberíamos ir matándolos con la ignorancia, para que sufran lo mismo que nos hacen sufrir. Para ser más justos con uno mismo. Para crecer sin miedos.