De alertas y perezosos volcánicos

Hay ocasiones en que las lecturas incompletas y perezosas de la información disponible pueden llevar a grandes confusiones, generando alarmas innecesarias en cualquier audiencia más o menos desprevenida.


Aún cuando hay “buena voluntad”, lo que no puede faltar es una buena lectura, abarcadora, íntegra, de la información disponible.
En las últimas dos semanas, tras la erupción del volcán Calbuco; en 2011 con los pulsos eruptivos del Cordón Caulle/Puyehue o en cada ocasión que el Copahue truena, las confusiones y desinformaciones sobre la situación en cada uno de los macizos terminó provocando temores innecesarios y titulares periodísticos casi mentirosos.

Un ejemplo: hoy (06–05–2015) las autoridades neuquinas debieron salir a desmentir que el Copahue esté en alerta roja, luego de que por Facebook y Twitter muchos neuquinos, incluso periodistas y medios de comunicación, viralizaran la crónica del estallido del mencionado macizo… de junio de 2013. Ni siquiera hacía falta leer mucho o chequear la información; bastaba con mirar la fecha en la web citada.

El otro ejemplo: hace dos días, desde una FM de Neuquén capital llamaron al intendente de Caviahue también para conocer la situación del Copahue, ya que supuestamente se había informado que el volcán entraba en “alerta amarilla”. La respuesta de la autoridad local generó desconcierto en los entrevistadores: “Eso no es nuevo, hace tiempo que estamos en alerta amarilla”. Los periodistas no lo sabían.
Es evidente que en la actual coyuntura -el Calbuco sigue su proceso eruptivo y sus cenizas siguen su vuelo opaco en toda la región, provocando persistentes molestias e inconvenientes varios- este tipo de conductas profesionales ayudan en poco. Pero se arregla fácil: alcanza con leer lo que está disponible y al alcance de cualquiera de nosotros.


Diferentes alertas

La información sobre los volcanes argentinos y chilenos surge de una única fuente de información: el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (Sernageomin) del cual depende el Observatorio Vulcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) que es una unidad técnica y científica que se encarga de los sistemas para la vigilancia y monitoreo permanentes de los volcanes más peligrosos de Chile; y los compartidos con Argentina –el Copahue o el Lanín, por ejemplo-.
Ambas instituciones estatales chilenas son organismos de carácter técnico; no civil. No son el equivalente a la argentina Defensa Civil (DC). Son entidades gubernamentales que lamentablemente aquí no existen; y es por esa razón que se acude a ellos en todo momento cuando las crisis se presentan.

La DC de Chile se llama Oficina Nacional de Emergencia del ministerio del Interior (Onemi) y depende del ministerio del Interior chileno (El Sernageomin, de la cartera de Minería).

Para entender las diferencias entre ambos organismos, es bueno decir que la Onemi se ocupa estrictamente de la población; mientras que el Sernageomin hace lo propio con –entre otras cosas- los volcanes. Por supuesto que a todos les interesa evitar daños de personas y de bienes, pero esa distinción permite establecer de manera genérica los objetivos que tienen cada una de esas instituciones.
Si se comprende esa diferencia, no será difícil entonces suponer que las formas de dar aviso a la población sobre catástrofes de ambos organismos pueden ser diferentes entre sí. De hecho, deben ser diferentes: no es lo mismo informar a la población que siga las rutas de escape ante un tsunami, que medir la altura de las olas del fenómeno, por citar un ejemplo no volcánico. En consecuencia, los tipos y niveles de alerta de cada uno de ellos pueden coincidir o variar, dependiendo de lo que se esté analizando en particular.
De hecho, los niveles de alerta de Onemi son tres: alerta temprana preventiva (se la identifica con el color verde) alerta amarillo y alerta roja:

mientras que el OVDAS y el Sernageomin tiene una escala de alertas en cuatro grados: verde, amarilla, naranja y roja.

Como puede verse, se trata de escalas diferentes que miden un mismos fenómeno, solo que desde perspectivas diferentes. Defensa Civil de Neuquén utiliza una escala de alerta similar a la de la Onemi.
No hay forma de equivocarse.- Y sin embargo, los periodistas solemos meter la pata. Ni siquiera hay que ser demasiado intrépido. Por otra parte, es necesario leer la información completa; o por lo menos “la alerta técnica puede variar respecto de la alerta declarada por la Onemi”.
Por eso no hay nunca alerta naranja con los volcanes en Neuquén. Durante el último gran episodio eruptivo del Copahue, las redes sociales –sobre todo de los periodistas- acusaban a las autoridades locales de ocultar la verdadera magnitud de la erupción, bajo el razonamiento de “en Argentina seguimos en alerta amarilla, pero en Chile ya están en naranja”. Se trataba, como hemos visto, de escalas distintas.
Por otra parte, también es necesario chequear la fecha de publicación de las informaciones: El jueves pasado, mientras el Calbuco tenía su tercer pulso eruptivo, @Sernageomin publicaba el siguiente tuit:

Algunos medios de comunicación se hicieron eco de la supuesta noticia y comenzaron a replicarla de manera digital. Pero lo dicho antes: el alerta amarilla en ese volcán está vigente desde el 3 de junio de 2013.
Sucede lo mismo con vocabularios específicos: suponemos que tras la extensa erupción de 2011 del Cordón Caulle-Puyehue, todos somos poco menos que vulcanólogos. Pero nada más lejos. Encendés la tele o la radio; y escuchás que hablan del humo del volcán. O de los volcanes activos que “se reactivaron”, de “los volcanes que están todos conectados”, etc.
No hay obligación alguna profundizar todos los temas que se abordan desde la agenda mediática. De hecho, es imposible. Sin embargo, sí es profesionalmente exigible leer. LEER HASTA EL FINAL. No es muy difícil. Ni siquiera se habla aquí de un libro, sino de 300 0 400 caracteres, que son los que hacen la diferencia entre un periodista laburante y el “hablemos sin saber” de la TV. No suena difícil ¿no?.

Obsesión pedagógica
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo que realizan organismos como Sernageomin y Onemi es su afán por educar, aún en momentos de crisis. Y es de buen criterio aprovecharse de esa característica.

Incluso en su interés informativo, al igual que cualquiera de nosotros ellos también meten la pata. Mirá cómo desperdiciaron una buena nota solo por no ponerle un (micrófono) corbatero al entrevistado; y por no editar el largo del material; de hecho casi no se entiende lo que dice el especialista:

La mayoría de los periodistas nos las pasamos gastando el tiempo en Twitter, Facebook, Instagram, etc. Con solo buscar a los organismos ya citados en esas redes sociales, quizás provocaríamos un salto de calidad comunicacional para enfrentar las futuras y seguras crisis volcánicas con mucha mayor solvencia y seriedad. Mientras tanto, la muerte nos seguirá acechando.

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