1968-2018

Mauricio Salvador
Sep 5, 2018 · 2 min read

En el 68 ni los profesionales de la política ni los ideólogos de la izquierda vieron venir un movimiento de estudiantes a gran escala. Ni se lo imaginaron. Y no lo hicieron porque no se les consideraba como parte de los cuadros revolucionarios tradicionales (obreros, campesinos, etc.) y realmente no había un plan de contingencia al respecto ni un empeño en comprender sus necesidades como grupo importante de la sociedad.

Cincuenta, sesenta años después, tendríamos que haber comprendido que los movimientos estudiantiles son con mucha frecuencia la punta de lanza de cuestiones más profundas en el país.

Estas manifestaciones, me parece, son esa energía que comienza a moverse nuevamente y creo que sería tonto desestimarlas como simples reclamos estudiantiles. Como en un deja vu casi se ve venir que Chapingo, la Nicolaíta, las Normales, etc., se unirán a esta energía, que incluirá, quiero creer, otros temas, temas profundos que suelen moverse por debajo de los cambios políticos y los intereses creados.
Y sucederá en lugares como la Unam porque, a pesar de que algunas personas piensan que su "autonomía" significa o extra legalidad o ingenuo espacio académico, en realidad la Unam y otras universidades reflejan muy vivamente los cambios que se dan en una sociedad a nivel político, social, sindical, de género, laboral, etc.

Imperfecto, absurdo, incompleto, como sea, habrá un cambio de régimen en el sentido de que el partido que logró mantenerse en el poder durante décadas ha colapsado. Vemos en vivo y en directo cómo se irán colapsando otros estamentos, y cómo van a luchar los sobrevivientes del régimen anterior y en ese jaloneo quién sabe cómo nos irá.

El movimiento del 68 comenzó con una simple trifulca entre los Araños y los Ciudadelos, los chavos que se topaban todas las tardes cerca de la Ciudadela. Esos chavos no tenían nada significativo que ver con el poder ni con el régimen ni el PRI ni el PCM y mucho menos con los rojos internacionales.

Haber actuado contra ellos por incomprensión, arrogancia y falta de respeto humano básico, despertó a un monstruo que se hacía el dormido. (El libro de Pablo Gómez “1968: la historia también está hecha de derrotas” describe muy bien los antecedentes de huelgas y movimientos estudiantiles de los años anteriores). Por algo el 68 sigue siendo una herida presente, sin resolución, que pudo sanarse un poco con la famosa Comisión creada por Fox. Por eso no se olvida y tristemente, y a estas alturas, mucha gente que debería — por ser beneficiarios directos de esos movimientos — no comprende todavía su trascendencia.

Mauricio Salvador

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