Riesgo

Desde niños nos enseñan a evitarlo.

Nos hablan de responsabilidad y con los años aprendemos a calcular.

Nos gastamos el primer cuarto de nuestra vida estudiando conceptos como “magnitud” y “retorno”, solo para terminar convertidos en auditores de nuestras vidas. Maduramos, nos independizamos y delegamos responsabilidad en gente madura. Seria. Nos volvemos fríos… racionales. El margen de error se convierte en nuestro peor enemigo.

Glorificamos a la sensatez. Definimos nuestras propias ecuaciones de inversión versus retorno, número a número, hasta que nuestra vida se convierte en una maldita planilla excel.

¿En qué momento se nos olvidó disfrutar la vida?

¿Cuándo fue que tanta precaución terminó borrando la emoción, el romanticismo y la sorpresa de nuestra mirada?

Mandemos todo a la mierda. Autoricémonos a errar. Por un minuto volvamos a ser niños sin la capacidad de dimensionar.

Juguemos con nuestra existencia.

Total, de que sirve tomársela tan en serio si al final del día nadie sale de ella con vida.

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