Mi arribo a Ubuntu: dificultades para ingresar a la colaboración creativa

Tal como sucede con las grandes decisiones en la vida, antes de definir el cambio de sistema operativo me fui en búsqueda de información que me permitiera adelantar problemas, o simplemente conocer cuáles serían las ventajas de cambiarme al Software Libre (SL). Esta investigación no solo es necesaria por lo complejo de cambiar todo tu orden lógico de organización del trabajo, sino porque el año 2011 tomé la decisión de cambiarme a Ubuntu aconsejado por un primo que en ese entonces era fanático de este software.

En esa época, la experiencia no fue buena. Como no existía el libre office -al menos yo no lo conocí- enviar archivos de SL a personas que trabajaban solo con word o excel era un poco engorroso. Adicionalmente, los programas de música que trabajan con dispositivos como el iPod no funcionaban, algo que para mí en ese entonces era algo delicado. No podría decir realmente cuáles fueron las razones que gatillaron mi regreso a Windows, lo cierto es que en esa oportunidad sentí más dificultades que soluciones prácticas a mis problemas.

En esta oportunidad -año 2016- las ganas de volver a probar Ubuntu se deben a distintas causas. La primera es que varias personas que lo usan me manifestaron lo satisfechas que están. En segundo lugar, el uso del software libre dejó de ser una excentricidad de unos pocos geek y hoy es una posición ciudadana frente a una realidad, es decir que aquellos que sentimos honesta valoración por la libertad, la competencia, pero a la vez colaboración entre iguales, podemos ver en los SL esa lógica horizontal y constructiva que se antepone a las prácticas monopólicas. En tercer lugar -y relacionado con lo anterior- casa vez más valoro más la transparencia, esto es, poder contar con toda la información al instante de aquello que tiene que ver conmigo, pero que también se me consulten las decisiones que debo tomar en cuanto mis necesidades, aunque no sepa mucho de qué se trata. Por ejemplo, no me estaba gustando que Windows decida bajar drives o actualizar programas sin mi consentimiento, situación que a la postre ralentice el desempeño de mi computador en momentos en que necesito de agilidad para solucionar problemas urgentes. Sentía que Windows ocupa mucho más espacio para hacer una misma tarea que lo que se me decía, Linux podría hacer más rápido.

Debo ser claro con el lector, no utilizo muchos programas. Como buen profesional de las humanidades, mis más utilizados son word, pdf y el browser de internet. En menos medida PPT para preparar las clases, excel para manejar cifras financieras y un SPSS que a estas alturas ya tenía en el olvido. Por lo tanto, en el uso de tan pocas herramientas, el hecho que el computador funcione de manera lenta no es algo tolerable. Sé que muchos otros factores influyen, como la cantidad de programas abiertos, archivos guardados, virus, etc. sin embargo tampoco he sido un gran acumulador de fotos, películas o música.

La falta de conocimientos sobre computación, llevaron a que la investigación que planteé al comienzo sea mucho más detenida, pues no solo tenía que fundamentar mi decisión, sino también capacitarme en caso de que mi decisión fuese afirmativa. Por eso la primera pregunta que le hice a Google fue:

“¿ventajas y desventajas de usar Ubuntu?”

Si bien me encontré con varios foros donde respondían esta pregunta, tanto en castellano como en inglés, vi mucha participación de los usuarios de Linux que describían sus maravillas, su filosofía de trabajo, de colaboración, de ayuda, de evolución, etc. Características que en gran medida respaldo hoy en día.

Sin embargo, no encontré críticas de consideración, por lo que comencé a refinar la búsqueda a “desventaja de Linux”. Esta indagación me llevó a más foros donde me dí cuenta que muchos de aquellos que escribieron sus críticas demostraron que no sabían mucho del tema y desistieron -como me pasó a mi en 2011- pero también leí mucho ataque por parte de los usuarios de Ubuntu a quienes se atrevieron a mencionar lo que no les parece. Sin saber nada de informática o programación, me pude dar cuenta que aquellos que si sabían de estos temas y que no simpatizaban con el SL, tuvieron más respuestas contrarias -por no decir irritables- lo que de seguro impidió que siguieran debatiendo. Adicionalmente, los foros donde indagué eran administrados por usuarios de Ubuntu, por lo que no puedo dar fe en cuanto a neutralidad del espacio.

Lo anterior me llevó a formular otra pregunta de rigor: ¿Cuáles son los países del mundo con más usuarios Linux?

Encontrar información para esta pregunta fue sumamente difícil, ya que lo que aparecía en Wikipedia estaba absolutamente desactualizado y es de común saber que el acceso a las tecnologías va en ascenso vertiginoso en todo el mundo, por lo tanto, tener datos de 2012 o 2013 no era satisfactorio para mí. No obstante lo anterior, uno de las fuentes que encontré me señaló cuáles son los países con más usuarios Linux y me sorprendí al percatarme que justamente ha penetrado fuertemente en países no democráticos como China o Cuba. Al refinar la búsqueda a “países con más usuarios de Ubuntu” me encontré con un estudio realizado el 2011 donde muestra que Cuba y Venezuela son los países con mayor penetración de este Software. Nada alentador.

Pese a que las preguntas anteriores no encontraron respuestas favorables en ningún sentido, ya sea por la desactualización, como la falta de neutralidad y los países que más la utilizan, seguía en mí la necesidad de volver a probar este Software, por lo que seguí leyendo, leyendo y leyendo, pero además viendo videos sobre cómo se ve la interfaz, cuáles son los distintos tipos de Linux y la facilidad para instalar y desinstalar. Mi sorpresa fue que navegando a través de toda esa información me percaté de cuánto ha avanzado la interfaz, que hay varios tipos de Ubuntu que no pertenecen a la misma compañía y que casi todos los desarrollos se hacen en Estados Unidos. Como si esto fuera poco, uno de los lugares con mayor uso de Linux es Silicon Valley, la capital mundial de la innovación. Por cierto, recomiendo ver la entrevista que le hacen a Linus Torvalds, el creador de Linux para que nos demos cuenta de lo que es, lo que aspira y cómo trabaja, es decir, un simple mortal sin anhelos de ser gurú de nadie.

Con esta nueva información en carpeta, comencé a realizar una práctica que he hecho toda mi vida, preguntarle a mis personas más cercanas y compartirles mis pensamientos. Lo primero que debo comentar es que casi nadie conoce de Software Libre, todos asumen Windows como parte natural de un computador, por lo tanto nadie se cuestiona cambiar de software. Aquellos que si se aventuran a dejar windows lo hacen por motivos esnobistas para pasarse a Mac y poder figurar con la manzana en reuniones sin que ahí hagan algo distinto a lo que harían en un PC. Incluso, le participé a un técnico en computación mi intención de cambiarme a Linux, con el fin de que me alertara/alentara, sin embargo a una serie de preguntas sobre la conveniencia o no, su cara de nada me delató su falta de conocimiento en el tema.

Un poco frustrado por la carencia de insumos para tomar la decisión, decidí llamar al primo que cinco años antes me instalara Ubuntu para hacerle dos preguntas clave. La primera es si seguía usando Ubuntu, su respuesta fue que no. Acto seguido le contrapregunté si acaso ocurrió algo malo y me dijo que no, que es la raja pero que no le servía para jugar bien sus juegos de alta resolución, pues estaban hechos exclusivamente para ser soportados por Windows. Pero la última pregunta fue la que determinó mi decisión: ¿Podrías ayudarme a instalar Ubuntu en mi computador? Su respuesta fue: “No estoy en Santiago, pero puede hacerlo tú mismo, es muy fácil, en la página principal esta todo. Si tienes problemas, al llegar a Santiago te lo instalo”. Mi respuesta fue no, déjame intentarlo yo mismo, esto lo debo resolver yo. Y así fue como comencé a revisar nuevamente la página principal de Ubuntu, a ver los videos de instalación y pensar si Ubuntu, Linux Mint o Ubuntu Mate. Mi computador es una máquina armada, con un TB de disco duro y 8GB de RAM. Si bien el procesador no es un Intel de última generación, era uno de los Asus más avanzados de hace 5 años cuando lo mandé hacer. Por estas razones, cualquier Ubuntu sirve.

Luego de decantarme por el Ubuntu común y corriente, comencé con el proceso de descarga del archivo y aquí es donde comienzan las segundas dificultades.

Pagando el noviciado

Tal como he comentado, no se mucho de computación, aunque tampoco es que soy un analfabeto informático. Soy de la llamada generación de los Millenials, por lo tanto mi relación con los aparatos electrónicos instintiva, pese a que en ocasiones me siento con menos instinto que los demás. La situación es que luego de bajar el archivo, tuve una primera dificultad.

Tal como sugiere la página principa de Ubuntu, la instalación a través de un CD es la forma más fácil de lograrlo. Para ello me copré una pequeña torre de dvd’s vírgenes para comenzar la tarea, pero darme un pequeño margen de error por si las cosas no salían bien en el copiado. “Cuento corto” como se dice en buen chileno, gasté los 10 dvd’s vírgenes sin que la copia en imagen del archivo me sirviera para echar a funcionar el programa.

Por suerte, antes de ir a comprar otra torta de discos para repetir 10 veces más el mismo error, me pregunté ¿Cómo lo instalaría esto en esos nuevos notebook que no tienen bandeja de entrada? La consulta se correspondió con la otra modalidad mostrada en la página de Ubuntu que pasé por alto, la posibilidad de instalar el programa vía USB. Para lograr lo anterior, solo hace falta bajar un programa que hace de autorun de CD, instalarlo en el computador y luego introducir el USB con el archivo. Maravillosamente comenzó a reaccionar.

De esta manera, mi consejo es que no gaste plata en discos, búsquese un pendrive de más de 2GB y que comience la fiesta.

No obstante las dificultades resueltas, comencé a percatarme de otro asunto. Por más que aceptaba la instalación después de probar el demo, la instalación me llevaba a error permanentemente, es decir que cuando se reiniciaba el computador no me dejaba iniciar sesión con Ubuntu, razón por la cual tuve que dirigirme a los códigos de programación que no veía desde 1994 cuando iniciaba el computador con CD.. y CD WIN.

A partir de ahí no recuerdo muy bien qué fue lo que hice ni cómo lo hice, el asunto es que luego de reiniciar un par de veces más la instalación comenzó a mostrarme un proceso, el que a su vez se demoró más de una noche entera. Todos los videos que ví me decían que en media hora la instalación estaría lista, pero en mi caso no fue así. Lo importante es que pude instalarlo y pude comenzar a usarlo.

La reflexión final

Al comenzar a utilizarlo, me di cuenta de que en realidad este es un sistema operativo que ha ido modernizándose de la misma manera que lo han hecho los otros. La interfaz, los colores, las resoluciones, la presentación, todo se muestra igual de moderno que un windows o un Mac. Las ventanas no se muestran pixeladas como en 2011. La rapidez y sencillez me conquistaron en el primer paseo. Poco a poco comencé deleitarme más cuando todo lo que necesitaba podía bajarlo en pocos minutos, de manera gratis, legal y orientado por los mismos foros que revise buscando información general. En esta oportunidad, la información estaba más detallada, mejor explicada y sin irritaciones.

Todo esto me llevó a pensar que había tomado una decisión correcta. A pocos días de la instalación, conversé con un colega que también utiliza Ubuntu desde hace poco, a quien le comenté parte de estas complicaciones. Su respuesta fue de las que me gusta oír, ya que no quiso ser convincente sino objetivo: “Esto es igual que vivir en el campo, tú mismo tienes que construirte la solución de tus problemas, pero ante todo saber que no vas a tener las mismas facilidades que en la ciudad”. Con esta analogía lo que me quiso dar a entender es que si elijo vivir en el campo, tengo que atenerme a algunos sacrificios y procesos más engorrosos con el fin de construir un bien mayor.

Por último, lo que me marcó de toda esta experiencia es que, todo el desarrollo que ha tenido Ubuntu desde aquel intento en 2011, ha sido producto de un esfuerzo colaborativo de muchos usuarios, computines y no computines, que han estado aportando su grano de arena para mejorar este sistema. Tal característica colaborativa puede resultar emotiva, ya que en un mundo donde supuestamente casi nadie persigue valores, o donde las ideologías habrían llegado a su fin, el desarrollo de un sistema operativo por parte de millones de personas en el mundo -sí, no solo en Cuba y Venezuela- ha permitido que esto siga compitiendo con los más poderosos. En la actualidad, la gran mayoría de los aparatos celulares en el mundo utilizan un sistema linux, es decir de software libre. Grandes compañías como Dell están vendiendo sus computadores de fábrica con Ubuntu instalado. Incluso, muchas grandes empresas de seguridad, bancos, instituciones militares en todo el mundo, incluso en la Nasa, utilizan Linux para llevar a cabo sus procesos cotidianos.

Lo inspirador de todo esto no es que se le esté pisando los talones a Windows o a Apple, no creo que sea racional tener una reflexión revanchista, lo realmente colosal es que gracias al trabajo desinteresado de millones de personas en todo el mundo se está perfeccionando un sistema del cual todos se sienten parte, por lo tanto no solo ha habido una acción colectiva de asistencia, sino también de innovación, una innovación que llamaré comunitaria y que más adelante comenzaré a desarrollar.

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