Solamente tú.

Echo de menos tus WhatsApps.

Echo de menos tu insistencia.

Echo de menos reírnos.

Echo de menos amarnos.

Echo de menos el antes.

Detesto el ahora.

Te amé, te odio, te amaré.

Te quise sin saberlo, te necesité sin hacerlo, me enamoré sutilmente de una silueta que anhelaba mi nombre en secreto, no lo note, no lo intuí.

Un lunes mi corazón chirrió, lloró, reconocí ese sonido, esa sensación: estaba roto, de nuevo. Roto de ti, roto por mi, roto por la ceguera y el miedo que embaucaban mi alma yerma a la que nadie volvió, la que sin saberlo, la que sin nadie verlo, se hizo frutal, frutal que gritaba por salir el nombre de la amada.

Gritaba María.

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