El que grita en el cine

Vimos La actriz milenaria de Satoshi Kon. No me gustan las reseñas, así que me la ahorro; es una buena película, con un grado de atención a los detalles que raya, sin serlo, claro, en la perfección técnica.

La función, gratuita, fue en un cine que intenta dar espacio a otras voces culturales. Una sala gigante, ocupada no más allá de una quinta parte; niños (aún pensamos que porque son “dibujitos” son para los pequeños), jóvenes paseantes y algunos adultos sin quehacer o sin dinero.

Nos sentamos en el centro, no más a la izquierda, no más a la derecha, ni atras ni adelante, en el centro: el mejor lugar en el cine. Comenzó la película y todo iba muy bien hasta que, cinco minutos después de comenzar, una señora intento pasar sin pedirme permiso, me golpeo, casi se tropieza y me dijo, como si nos conociéramos desde hace años: “ya llegamos”; por supuesto, venía con sus dos cachorros, una bolsa grande de papas (las más ruidosas y apestosas) y dos refrescos de dos litros. Nos miró extrañada hasta que entendió que no nos conocíamos, se disculpó y se sentaron junto a nosotros. Me tocó a la izquierda un muchacho cerca de los 20 años.

Y se arrancó: “¿quién es ése?”, “¿qué hace?”, “ash, mira la postura de diva”, “¡pero y dónde están los celos!”. El acompañamiento de la patada, más el ruido de los alimentos más las opiniones del muchacho me desesperaron lo suficiente para cambiarnos de lugar.

Ya lejos, con un poco de perspectiva, el ruido era el mismo, pero me dio tiempo y espacio de observar cómo las redes soaciales nos transforman. Gente chismosa, entrometida, parlanchina y maleducada siempre ha existido y existirá; quiero resaltar el modo de emitir las opiniones. Me parece que no nos detenemos a pensar a menudo en la manera en que enunciamos. Hablamos y debatimos, más en esta época, de todo lo que se dice, pero no de cómo se dice. Los comentarios de este muchacho eran tan vacíos, tan exaltados, como si estuviera dando un like o criticando desde facebook algo que no le gustó (un comentario mucho más interesante sobre esto lo tiene @yunivalexandra).

Soy alérgico a los TT, los likes y casi todo lo que tenga que ver con redes sociales (intento que Medium sea mi refugio virtual), entonces, más me sacó de quicio la manera de enunciar que lo enunciado. Quizá lo que comentara era obvio para tod@s, quizá el chiste nos parecía común, quizá el momento emotivo lo padecíamos igual; sin embargo, me sentí tan lejano a él, me pareció tan molesto y eso me molestó tanto. ¿Por qué no se podía comportar? ¿por qué yo no podía dejar de molestarme?

Quizá yo esperaba mucho de la web, que nos educara, que nos conectara y que, una vez gestada la maravilla, saliera al mundo a convencernos con argumentos sólidos de que la solidaridad era el camino.

Y no, se nos cruzó una forma de expresarnos que llevó todo a la mierda. En vez de educarnos decidimos exhibir al vecino, en vez de hacernos más comprensivos nos excluímos, en vez de escucharnos nos llenamos de ruido, en vez de pensar que tod@s somos importantes, tod@s pensamos que cada un@ es el más importante. La salida al mundo no se puede detener, lo que sea que hayamos engendrado viene por nosotros. Y pienso que, como siempre, no nos va a ir bien.

La solución es simple, no hablar, no enunciar, no salir de casa, seleccionar películas y verlas con palomitas en la cama. Eso, darle la espalda a un mundo que no tiene solución, y si la tiene, aún está muy lejos; y no me gusta por donde pasará ahora.