Una búsqueda de escape
Ana Ascheri
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Habiendo leído tu artículo, opino que no creo que necesariamente el que emigra “escape” de algo, alguien o alguna situación particular. Como “migrante eterno” y al padecer el Síndrome de Ulises (residí en Malta, España, Puerto Rico, Costa Rica, Estados Unidos, Uruguay, Portugal, Argentina y hoy me encuentro en el Reino Unido), hay circunstancias en las cuales la migración es un viaje contínuo como lo es el permanecer en un mismo lugar toda la vida. El devenir de Heráclito, hace -hoy en día más todavía-, que contemos con mundos “líquidos”, en constante transformación. Los procesos son más cortos y se aceleran las decisiones. A pesar de ser un “laudator temporis actii”, aprendí que el mundo vive más acelerado y nos genera ansiedad. La inmediatez de consumir bienes, cultura y tiempo no hace más que retroalimentar los círculos viciosos en las sociedades occidentales modernas. Es cierto que las migraciones comenzaron con los primeros homínidos hace millones de años. (Lucy la primera Austrolopitecus Afarensis tiene 4.5 millones) se encontró en África, y otros de sus congéneres en otras latitudes. La migración claramente es una condición humana que no quiere decir que todos la experimenten. Actualmente estoy terminando mi tesis doctoral en Ciencias Sociales (sociología de las élites) y todos mis casos son expatriados argentinos que realizaron sus traslados por medio de las multinacionales para las cuales trabajan. Contando sus historias individuales y personales, en mis hallazgos no he encontrado que ninguno escape de nada analizando sus discursos, lo cual no me parece prudente generalizar. Sin embargo, la búsqueda es ciertamente constante. No es el caso de la máxima de Michel Eyquem de Montagne quien durante sus viajes por Europa decía “ bien de qué huyo pero ignoro lo que busco”.