Ozoni (Parte III)

El camino hacia la soberanía (1948–1961)
Italianos, griegos y albaneses querían la isla para sí mismos. No querían una jurisdicción independiente co-gobernada por los tres ni bajo la forma de protectorado ni bajo la forma de una federación trinacional con un gobierno central. Sin embargo, había que evitar un rebrote de la guerra y sellar un conflicto que amenazaba con hacerse más grande y volver inestable a la región del Mediterráneo. En Noviembre de 1948, bajo la mediación de las Naciones Unidas a través de su interventor en la isla, Meirelles, y su representante para Europa, Jacques Gotard y el primer ministro de Reino Unido, Clement Attlee, los jefes de gobierno de los tres países en pugna y los líderes políticos de las tres minorías de la isla (Mario Monteliosi por los italo-ozonenses, Demetrios Rossos por los greco-ozonenses y Akthaler Imaj por los albano-ozonenses) firmaron un pacto en el que apoyan la formación de tres territorios soberanos y asociados a Italia, Grecia y Albania gobernados por cada una de las tres minorías. Se aprobó así la formación de una confederación de estados soberanos, cada uno con sus propios gobiernos sometidos a elección popular cada determinado periodo de tiempo. Según lo que dictaminaran las constituciones de estas jurisdicciones, copiadas de sus ex metrópolis.
En un principio no hubo acuerdo para el desarrollo de instituciones federales que acompañarán la creación pronta de un futuro gobierno central y una capital. En especial por el problema que supondría integrar un territorio como Okthove, que funcionaba najo una economía socialista. Sin embargo, se habían sentado las bases para avanzar en la construcción de una futura federación. Los tres estados serían reconocidos bajo la Federación de Ozoni. El gobierno central provisional de esa federación sería el Consejo Tripartito conformado por los tres gobernadores. Las fuerzas armadas se formarían a nivel estadual. Serían entrenadas y tuteladas por Italia, Grecia y Albania.
Entre 1950 y 1954, surgieron los tres estados asociados al interior de la isla: El estado de Ozoni occidental es fundado en 1950, y gobernado por los italianos insulares, el estado de Othonoi oriental emerge en 1951, y es gobernado por griegos insulares. Okthove, por su parte, recién se estableció como estado independiente en 1954. La autoridad protocolar siguió siendo el gobernador provisional designado por la ONU, avalado por los gobernantes de los países que forman parte de la disputa alrededor de la isla y las autoridades insulares de cada minoría. Esta autoridad no cumplía ninguna función de administración gubernamental. Era el garante del co-gobierno entre las tres jurisdicciones hasta que la situación política se normalizara por completo. Las decisiones políticas fundamentales, las que afectaban a todas las partes de la isla, eran tratadas en reuniones entre las tres cabezas de los estados. No había una división de poderes ni gobierno a nivel confederal, cada estado tenía auto-constituida su propia separación de poderes y forma de organizar el sistema político del territorio sobre el que se erigía.
La falta de una autoridad federal formal fue un problema al tener que designar un representante para las relaciones exteriores y conformar unas fuerzas armadas unidas. El sistema desarrollado para elegir al canciller fue el de formar consensos entre los tres gobiernos alrededor de un nombre propuesto por la ONU o por cualquiera de las partes. Respecto a las fuerzas armadas, existió un consenso inicial entre Ozoni y Othonei en confluir sus respectivas formaciones militares en un mediano plazo. Okthove, por su parte, no acompañó la propuesta, condicionada por Tirana. Igualmente, los jefes de gobierno de Italia y Grecia tampoco se mostraron muy proclives a avanzar en forma acelerada. Para sus alas más duras y recelosas existentes en las fuerzas armadas de estos países, en el proyecto de soberanía que estaba llevándose a cabo en Ozoni, un ejército dividido en los tres estados sería mejor para extender por un tiempo más el control militar en la isla y condicionar la independencia de las frágiles y pequeñas formaciones militares criollas a ambos lados de la isla. La integración podría suponer la proliferación de luchas de poder intestinas entre facciones pro-italianas y pro-helénicas, y de problemas organizacionales como filosófico-ideológicos, con el ejército albano-ozonense en especial. Sin embargo, en forma gradual, fue imponiéndose una tendencia a favor de la creación de un ejército unificado a corto plazo.
Fuera de las decisiones políticas y económicas generales de carácter excepcional, los asuntos de gobierno estaban descentralizados en los estados. Se repartían y eran particulares de los gobiernos de Ozoni occidental, Othonoi oriental y Okthove. Tres estados independientes pero asociados entre sí para formar una federación dirigida por tres jefes de estado con sus respectivos gobiernos y un ministro especial de relaciones exteriores para representar a la isla en cumbres y congresos.
Más allá de la independencia y soberanía de estos estados que conforman la isla, nunca dejarían de estar asociados a sus madres patrias, quienes siguieron ejerciendo un férreo manejo sobre la política de los tres estados. Sus poblaciones y economías eran totalmente dependientes de Italia, Grecia y Albania. La hegemonía de la democracia cristiana en Ozoni era el reflejo del dominio de la democracia cristiana en Italia. Othonoi era una pequeña muestra de lo que sucedía en la Grecia. Un sistema político con partidos de centro derecha y centro izquierda. Okthove era un estado soberano en los papeles, pero administrado de hecho como un distrito más del estado socialista de Albania. Aunque con ciertos privilegios al tratarse de un enclave albanés de ultramar en medio de los mares adriático y jónico. Una muestra propagandista de poderío en el mar mediterráneo.
Hay que decir que, de todas maneras, las formas de gobierno fueron reproducidas de sus madres patrias. Y a través de esa emulación puedo interpretarse que tanto la sección italo-ozonense como la greco-ozonense también eran sumamente dependientes de Italia y Grecia respectivamente. El estado italiano de Ozoni adoptó un sistema parlamentarista calcado del de Italia, Okthove introdujo un socialismo centralizado, una reproducción en miniatura del rígido gobierno de Hoxha, mientras que el estado de Othonoi supeditó su organización política otorgando la jefatura del mismo a la monarquía constitucional ateniense, erigiéndose así en un estado libre, pero asociado a Atenas. Eran estados asociados, mas no libres. Semi-independientes. Regiones especiales. Que también tanto las autoridades italianas como griegas utilizaban como propaganda ante el modelo del realismo socialista enquistado en el noreste de la isla.
El de la Confederación de Estados de Ozoni se trató de un colonialismo encubierto, pero también se trató de un caso único de co-existencia de distintos sistemas de organización política en un mismo territorio en el que se estaba construyendo una federación soberana de carácter más unificado.
Esta particular e intrincada organización política daba como resultado la existencia de una federación de tres estados semi-soberanos sin mas gobierno central que el consejo de los tres gobernadores y un ministro de Relaciones Exteriores. Un sistema único en el mundo de ese entonces que respondía a la falta de resolución de un conflicto alrededor del control de una isla considerada estratégica en la geopolítica del Mediterráneo y en el contexto de la Guerra Fría.
No solo se trataba de la tensa co-existencia de los intereses de tres países, así como del interés existente más allá de ellos, en un nivel geopolítico, sino de la co-existencia de las distintas sociedades que albergaba la isla. Un sector de ellas buscaba la integración total en un estado único, mientras que, en el otro extremo, se ubicaba una línea posicionada en el divisionismo y la lealtad para con las respectivas madres patria. Durante los cincuenta tuvo desarrollo una tercera postura entre una y otra propuesta que buscó conciliar ambas visiones en la medida de lo posible: la formación de una Federación Trinacional o una República Federal Trinacional. Esta posición se basó en la constitución de una federación con gobierno, legislatura y justicia central a la vez que la continuidad de idénticas instituciones y fuerte grado de descentralización de poder político a transferir hacia los estados que la conforman.
Para 1958, el aval de Ozoni y Othonoi estaban dados para la instauración de una federación en la isla, pero el gobierno albanés no se mostró de acuerdo con la idea de unir su sistema político y económico real socialista reproducido en Okthove con las variantes italianas y griegas de capitalismo y organización política y militar burguesa. Las contrapartes italianas y helénicas tampoco estaban deseosas de incluir la cuestión albanesa en la ecuación para formar un país que, para sus autoridades, alineadas al capitalismo occidental, debía posicionarse en ese marco geopolítico y no en el del realismo socialista. En cualquier caso, el estado italiano insular era más proclive a negociar una integración albanesa a la formación de la federación, pero un sector del gobierno griego buscó excluirlos del plan, inclusive al costo de una pequeña guerra para limpiar de albano-ozonenses el territorio del noreste.
Ante la negativa por parte de los sectores albaneses y griegos a unirse, los italianos tampoco se mostraron interesados en formar una federación con los inestables intereses de esas minorías. La intervención de la ONU, en 1958, se renovó por cuatro años más. Las relaciones entre el presidente griego y el gobernador albanés estaban rotas.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte, ante el potencial conflicto entre albaneses y greco-ozonenses dispuso del envío de tropas para el mantenimiento de la paz en las fronteras. El gobierno albanés no se mostró de acuerdo y exigió también el arbitraje de Moscú. Los soldados que mediarían en las fronteras serían de la OTAN y el Pacto de Varsovia. Sin embargo, antes que llegaran las fuerzas militares de ambos bloques, la guerra entre griegos y albaneses por el control del noreste de Ozoni estalló en marzo del año 1959. Bajo la forma de la guerra de guerrillas, los albaneses insulares apenas retrocedieron unos kilómetros ante las milicias griegas que comenzaron con ímpetu, pero luego fueron empantanándose frente a las artimañas de las milicias socialistas y no pudieron avanzar mucho más por las montañas que separan a Othonoi de Okthove. Los italianos insulares no intervinieron. Acataron y apoyaron la autoridad de la OTAN, y bloquean el mar con el fin no permiten el arribo de tropas griegas o albanesas continentales amenazando con una invasión de las tropas del estado italiano a la isla si llegara a suceder. El enfrentamiento entre las mil unidades albanesas y las poco más de mil quinientas unidades griegas duró poco menos de dos semanas hasta que ambas naciones firmaran un armisticio bajo el auspicio de los gobiernos griego y albanés, presionados a su vez por la OTAN y el Pacto de Varsovia y el arribo de sus respectivas tropas a la isla.
En junio de 1959 se firmó el acuerdo de paz en la ciudad de Sevigne entre los jefes de estado de ambas jurisdicciones y el auspicio del mandatario italo-ozonense, así como del primer ministro italiano de ese entonces. Othonoi no tuvo ya intenciones de expulsar a la minoría albanesa de la isla y gira hacia la ultimación de detalles para la organización del referéndum a favor de la creación de la Federación de Ozoni. Más allá de que la férrea postura albanesa de Hoxha orientada a que Okthove no integre esa nueva entidad siga en pie, no se advirtió ningún otro obstáculo para la unidad entre las partes greco-ozonense e italo-ozonense. La República Socialista de Okthove podría coexistir con la Federación de Ozoni sin problemas. Aunque a Hoxha no le gustó nada la idea de una isla soberana en la que el territorio habitado por albaneses no sea reconocido o sea integrado, como sucedería en tal caso. Tampoco la dirigencia del resto de la isla veía con buenos ojos la presencia del ejército albanés en la isla, pero lo asumían como un mal necesario. Había que avanzar pasos hacia una federación más cohesionada, aún al costo de compartir el territorio con un enclave real socialista.
Ante la imposibilidad de eliminar las tensiones, aunque sin amenazas explicitas de ir a una nueva guerra, el mandatario albanés prefirió, en caso de un triunfo del Sí a la creación de la federación, despojar de la independencia de cartón a Okthove y decretar que sea un distrito subnacional mas del gobierno de Tirana nuevamente para asegurar su control sobre esa porción nororiental de la isla frente a los posibles intentos de la Federación de Ozoni por anexarla con apoyo de Occidente.
Unificación y soberanía formal (1961–1963)
El referéndum por la soberanía unificada, aprobado por los gobiernos de Grecia e Italia, tuvo lugar el 20 de febrero de 1961. Ante los pronósticos que sugerían un resultado ajustado producto de un proceso más acelerado de lo recomendado a la vista de una guerra reciente, ganó el Sí a la creación de la Federación de Ozoni con el 71% de los votos, mientras que el No obtuvo un 25% y en blanco votó el 4%.
La coalición por la soberanía fue amplia, y obedeció a una mezcolanza de tradiciones de un nacionalismo oculto que traspasa minorías nacionales y la voluntad de dos naciones que vieron en la creación de una entidad que agrupara a las minorías de sus países como la mejor solución a sus disputas. Otra razón de peso que dio entidad a la Federación fue la ubicación estratégica de la isla, atractiva tanto para el Bloque Oriental y la OTAN. Los últimos fueron los que dieron el espaldarazo necesario para la formación de un nuevo estado siempre y cuando ese nuevo estado se encolumnara del lado del oeste en el marco de la guerra fría. Albania, si bien consideró la posibilidad de hacerse con la mitad de la isla, prefirió estar a la altura de sus posibilidades reforzando su dominio en el noreste, ante la negativa de Moscú a interferir en el Mar Mediterráneo y potenciar el poder de fuego de los militares albaneses ante ejércitos de mayor peso como el italiano y el griego. La política autárquica y crecientemente aislacionista de Hoxha tampoco se orientó a la constitución de una coalición amplia en apoyo a un hipotético reclamo sobre la totalidad del territorio insular.
Aunque además de la razón pragmática, compartida tanto por la dirigencia como por la ciudadanía conformada por las distintas sociedades al interior la isla que se han integrado a lo largo de la historia más allá de las fronteras internas, es cierto que en el oeste hay una mayoría de origen italiano, en el este dominan los greco-ozonenses y en el noreste está el enclave albano-ozonense, pero la suma de estas tres minorías dio lugar a tradiciones propias. A una idiosincrasia propia. La isla no ya no era de nadie más que de les ozonenses. Ni italianos, ni griegos, ni albaneses: Ozonenses. A lo largo de los siglos se gestó una poderosa clase criolla a un lado y el otro de la isla que fue integrándose con el tiempo y relegando el peso identitario de la madre patria de cada una de las minorías, más allá de las vicisitudes de la historia y las circunstancias, así como también de las decisiones tomadas por sus dirigentes como consecuencia de esas mismas vicisitudes. Una clase dominada por distintos clanes políticos: Monteliosi, Gerardellos, Mexsthres, Mantegna, Cassinos Ravelli. Ellos dominarían la política de la isla en su etapa unificada y soberana entre los siglos XX y XXI.
Independencia y consolidación democrática (1963-actualidad)
Luego de la transición iniciada por el resultado del referéndum de abril 1961, la Federación de Ozoni consumó su nacimiento dos años después: el día 14 de abril de 1963, y se extendería a la totalidad del territorio salvando Okthove que, desandando los planes encaminados a convertirla en provincia, fue rebautizada por Tirana como República Socialista de Okthove. Un estado soberano solo reconocido por Albania y China, y con presencia militar albanesa, permitida por el gobierno provisional unificado de Ozoni, establecido a partir del referéndum, entre 1961 y 1963. Con el pasar de los años, sería utilizada por Hoxha con fines propagandísticos para diseminar el relato de la Albania grande, socialista e imperial de ultramar ante los suyos, más que nada.
Durante los dos primeros años de soberanía unificada, la isla fue gobernada por el Nuevo Gobierno Provisional, designado por los dos gobiernos constituyentes de la federación y encabezado por el binomio conformado entre Demetrios Rossos y Mario Monteliosi, que reemplazó al Consejo Tripartito, que con las asperezas de la beligerancia entre Othonei y Okthove había pasado a ser, en los últimos años de su existencia, bipartito. Durante el periodo provisional se procedió a la consolidación institucional de la federación desde los niveles locales a federales de gobierno, legislación y justicia. La capital terminó siendo la Ciudad de Ozoni. Una ciudad de la parte griega, ubicada al noroeste de Othonoi, que pasó a ser un territorio federal que limita con todas las partes constituyentes de la federación, inclusive con la por ese entonces, renegada sección albanesa.
Un gobierno de unidad federal surgió del parlamento formado luego de las elecciones generales de junio de 1963. En este segundo paso de transición, el gobierno fue encabezado por el jefe de estado que también lo era de gobierno: Petros Gerardellos, político conservador, ex gobernador de Sotonoi. El objetivo de esta administración fue el de convocar a elecciones de constituyentes para la redacción de la constitución federal, que reemplazaría el Tratado Provisional de Gobierno firmado por autoridades italo y greco-ozonenses con el Referéndum de 1961.
Los constituyentes elegidos en 1963 para redactar la constitución determinaron la separación de la jefatura de estado y de gobierno para descentralizar la autoridad federal. El presidente, electo por el voto secreto de los representantes legislativos federales cada siete años, sin posibilidad de re-elección, cumpliría el rol de jefe del estado federal trinacional, mientras que el primer ministro, electo por el voto de confianza pública de los legisladores federales, sería el jefe de gobierno por un mandato de seis años con posibilidad de re-elección. La actividad ejecutiva de gobernar y encargada de mediar con los otros poderes del estado y las fuerzas políticas, sociales y económicas de la isla sería el primer ministro, mientras que el presidente fungiría solo como una figura casi decorativa. Aunque con poder de veto en situaciones de excepción.
La era Monteliosi: milagro económico, partido dominante y represión política (1965–1979)
Las elecciones generales y estaduales en 1965, las primeras bajo la nueva constitución de Ozoni, fueron ganadas por la democracia cristiana frente al socialismo democrático. El centro-derecha, alineado tanto a la democracia cristiana en Italia como al derechismo griego que mandaba en Atenas por ese entonces, gobernó la isla entre 1965 y 1981 triunfando en todas las elecciones transcurridas entre esos años. 16 años de los cuales 14 fue primer ministro Mario Monteliosi, el primer caudillo político de la isla. Sus gobiernos transcurrieron bajo el signo de la estabilidad económica y política, aunque también del autoritarismo sustentado por los aparatos represivos del gobierno frente a los elementos revolucionarios y pro-democráticos de la oposición.
Lo cierto es que Ozoni entró en un periodo de gran desarrollo económico y social, así como de crecimiento demográfico. Claro que el fenómeno no repercutió en Okthove, sumida en una situación de estancamiento ya por fines de los setenta. Sus habitantes veían en Ozoni posibilidades con las que quizás no contaban en la tierra que habitaban, aunque también fue significativa la propaganda ejercida mostrando a la federación insular como baluarte occidental frente a la decadencia en la que se encontraba sumida la colonia albanesa, que amenazaba con carcomer los escasos avances propuestos por el modesto pero limitado sistema de bienestar implementado por el gobierno comunista de Tirana. Sin embargo, los albaneses insulares gozaban de privilegios con los que no contaban los albaneses continentales. Era parte del sistema de propaganda del régimen de Tirana. Una partida de la Guerra Fría estaba en juego. El capitalismo jugaba con Ozoni y el realismo socialista con Okthove.
Monteliosi era un cruzado pro-OTAN y Comunidad Europea. Sabiéndose escudado por la democracia cristiana occidental, no dudada en criticar a Hoxha y lo que consideraba como un gobierno títere en un territorio ocupado. Sus declaraciones han causado más de un incordió con Tirana. Al punto de amenazar esta con una invasión a la isla. Pero la OTAN se interpuso en tales ocasiones, acontecidas en la década de 1970. Albania, primero aliada a Yugoslavia en los cuarenta, luego a la Unión Soviética en los cincuenta y después, hasta mediados de los setenta, a China, no contó con el apoyo suficiente para tal acción, vociferada por Enver cuando era amigo de Mao, como respuesta a una crítica de Monteliosi. Que calificó en repetidas ocasiones, a la vista de los periódicos, pero cada vez más constantes intentos de albano-ozonenses por traspasar la frontera hacia la federación, de “fracaso colosal” al modelo político y económico albanés. El secretario del Partido Comunista Albanés respondía por su parte Monteliosi era un farsante que administraba una isla convertida en un burdel de occidente. Y que las bbondades del capitalismo en Ozoni son una mentira motorizada por la propaganda que propala su gobierno sobre la comunidad albano-ozonense como si fuera una peste que confunde la cabeza de les nueves mujeres y hombres del socialismo albanés. Quizás, desde un principio, todo fue parte de una batería de estrategias orientadas apuntalar la industria de Relaciones Públicas alrededor del gobierno de Hoxha y la particular experiencia real socialista albanesa. También habría significado lo mismo para Monteliosi en su afán por asegurar su posición de líder indiscutido de la isla frente a la dura pero minoritaria oposición de izquierda y como un defensor del orden occidental en el concierto europeo de naciones.
Monteliosi gobernó en el crecimiento económico, lo que permitió que los consensos políticos alrededor de su figura se dieran fácil. Constituyéndose una hegemonía encabezada por el centro-derecha insular que duró 16 años. La movilidad social ascendente ofrecida durante esos años se componía de un amplio repertorio que iba de la batería de políticas sociales de bienestar a la corrupción y el nepotismo como medio para acumular poder y riqueza. Dentro del partido, el poder de la familia del primer ministro fue descomunal. También lo fue en la economía de la isla. La burguesía y la clase política alrededor del clan funcionaban como un bloque único que, en parte, se alimentaba de actividades ilícitas.
Había una gran organización criminal que funcionaba en el partido del orden. Repetidas veces se ha infiltrado la versión, sustentada en investigaciones posteriores, de que la familia Monteliosi, así como sus laderos, estaban vinculados a la Camorra napolitana, y que hicieron de la isla una sucursal de esa organización donde se traficaban elementos varios además de lavar dinero mediante la obra pública. Las ramificaciones de la organización inauguraron en la isla la tradición del secreto bancario y las bases para su reconfiguración en un futuro paraíso fiscal offshore.
Ozoni era un reflejo de la orientación política predominante en Italia y Grecia, así como de la influencia ejercida por el crimen organizado en la política y la sociedad de estos países. La mafia estatalizada de Monteliosi fue el Frankenstein que salió de esa mezcolanza.
Sin embargo, no hay que reducir a sus sucesivos gobiernos a ese plano unidimensional. Más allá de la corrupción, que sería inherente a todos los gobiernos de la federación desde los sesentas hasta la actualidad producto de los acuerdos secretos de cada gobierno con las poderosas fuerzas del crimen organizado en el mezzogiorno italiano, la hegemonía del monteliosismo se dio gracias a un pacto entre las distintas fuerzas sociales y económicas de la isla; desde los sindicatos, hegemonizados por las asociaciones de marinos mercantes, pescadores y empleados de servicios hoteleros, hasta entidades empresarias de esos mismos rubros, los más pujantes de la isla junto con otros sectores emergentes como el bancario.
Este pacto de gobernabilidad, esta alianza, una variante local del pacto de bienestar que dominó el paisaje social, económico y político en occidente (pacto cívico industrial, sociedad industrial, economía de posguerra, etc.) se mantuvo en el tiempo, sosteniendo a los gobiernos posteriores, aunque sujeto a sucesivas reconfiguraciones, producto de la naturaleza de las coaliciones gobernantes, los vaivenes del sistema capitalista y el modelo político democrático dominante a nivel continental e internacional y su impacto en la dinámica de la isla. Con sus salidas y entradas de actores tradicionales como emergentes, acompañadas de expansiones y retracciones de derechos y políticas públicas.
Muerte de Monteliosi, crisis económica y caída del gobierno de centro-derecha (1979–1981)
Mientras el crecimiento económico duró y se consolidó un estado de bienestar típico de la posguerra, basado en el modelo corporativista y socialcristiano mediterráneo, la corrupción no se notó, pero en los últimos años de gobierno de Monteliosi y a su muerte, en 1979, la economía de la isla entró en crisis. Ya a mediados de los setenta se sintieron los efectos de la paralización económica internacional como producto de la crisis del petróleo, pero entre 1977 y 1982 la economía se sumergió en una recesión severa producto del estancamiento de la actividad económica, la crisis del modelo de bienestar, y una violencia política creciente, protagonizada por las Fuerzas Armadas de Ozoni, que encabezaron con la policía insular las tareas de represión política durante el periodo Monteliosi, y el Ejército de Liberación de Ozoni, una guerrilla comunista ubicada en las regiones montañosas de la isla, surgida como producto de la persecución a elementos radicales de la izquierda, y el posterior agrupamiento de una fracción de estos como unidad armada financiada, afirmaban los gobiernos de Monteliosi y Costas, por los estados albanés y chino, aunque los guerrilleros afirmaban que se sostenían con el apoyo popular del interior rural de la isla. Sin embargo, este enfrentamiento interno, que luego se afirmó que no fue tal, sino que se trató de una puesta en escena para distraer la atención pública del deterioro económico y para criminalizar a la izquierda, no fue suficiente para realzar al gobierno del centro-derecha. Con el empeoramiento de la crisis económica y de gobierno, los trapos sucios fueron emergiendo con cada vez mayor virulencia hasta terminar expulsando al centro-derecha del control del gobierno y volando por los aires a la coalición. La movilización ciudadana contra el empeoramiento en la calidad de vida se hizo sentir, y se combinó con el hartazgo hacia el prolongado dominio sobre el gobierno y el estado del centro-derecha.
No surgió un liderazgo unificador que supere la falta de Monteliosi ni se posicionara para superar el momento de caída económica y moral, nadie en su familia ni en otras fracciones de la coalición pudieron mantener una situación de reparto parejo de poder en la legislatura con la oposición y esta se derrumbó como producto de luchas intestinas por la constitución de esa unidad imposible. El gobierno de Giorgios Costas, elegido como sucesor de Monteliosi hasta la finalización del mandato en 1983 producto de un acuerdo entre el centro-derecha y el centro-izquierda, que aún consideraba no conveniente imponer sus posiciones sobre un oficialismo debilitado sin la presencia de su otrora sempiterno líder, no pudo ser sostenido más allá de la elección legislativa de 1980, en la que la coalición perdió su lugar de bloque mayoritario pasando a tener la misma cantidad de legisladores que el centro-izquierda. Luego de los comicios, el entonces primer ministro convocó a nuevas elecciones generales de las que saldría un nuevo primer ministro legitimado por una nueva mayoría parlamentaria. El centro-derecha pudo haberse negado, en otra situación que no fuera una en la que imperara el grado de disolución y decadencia en la que se encontraba. Pero no se resistió a poner fin a su época sin condicionamientos para las nuevas fuerzas que se hicieron cargo de la isla en 1981.
La debacle de la Alianza por la Libertad posibilitó la disolución de su hegemonía que abrió las puertas a una mayor democratización de la isla. Sumándose, de alguna manera, a la tercera ola de democratizaciones que acontecieron, en parte en los países del Mediterráneo. Así fue como el centro-izquierdista Bloque Democrático, una alianza conformada por el Partido Socialdemócrata de Othonoi y el Partido Progresista Democrático de Ozoni, accedió al gobierno en las elecciones de 1981.
