Al fin y al cabo..

Es la tercera vez que suena la alarma y es mi sexto intento por levantarme de ella. Si todos los anteriores han sido fracasos, ¿por qué este habría de ser diferente? Dicen que hay personas que no duermen, me pregunto ¿cómo lo hacen? Porque lo he intentado, pero nunca deja de seducirme la idea de visitar el mundo de los sueños y ver que aventura me deparará hoy. Para ser sincero, hace ya algún tiempo que no quiero despertar.

Camino a la cocina doy un golpe a la barra espaciadora y enciendo la computadora. Reviso el correo electrónico, nada nuevo, promociones, recordatorios y aquellos correos de ese jefe tóxico, recurrente, que se convierte en el motivo del primer improperio del día. La pseudo necesidad me ha llevado a tomar un trabajo que, aunque al comienzo parecía prometedor, hoy parece una tortura. Y esas misma pseudo necesidad de seguridad económica es el balde de agua fría que evita tomar medidas al respecto, al menos eso creo.

Son esos pensamientos y dudas existenciales acumulados los que determinan la intensidad del café, eso y el cansancio que manifieste mi cuerpo. Sí, la cantidad de sueño me dice que hoy será sin azúcar ni edulcorante, amargo para arrancar.

Al momento que reviso el feed de mis RRSS bebo enérgicamente el primer sorbo de mi café. Como fuego pasa por mi boca, mi garganta, arrasando con todo lo que se encuentre en su camino. Forzada e inconscientemente bebo el segundo con unos segundos de diferencia, como queriendo llenar un vacío a base de cafeína. Ver las noticias no coadyuvan con mi adicción a la cafeína, incluso la empeoran, debería ser menester ver las noticias con un café irlandés, para ver si se digieren mejor los titulares.

Siempre rimbombante y elocuente, mi cabeza entra en funcionamiento como una máquina de producción en serie. Repasando “pendientes” y “atrasados” mentales, estableciendo lista de prioridades. Tic. Tic. Tic. Hoy no hay Toc. ¿Qué cambió? Estos años me han servido para darme cuenta de todo lo que NO quiero ser, sigo descifrando que SÍ quiero, pero no me apuro y aprovecho el proceso de descubrirlo. O al menos eso me digo para sentirme mejor por no estar 100% encausado. Manejo por la ciudad en piloto automático, retrasado pero hoy no importa, quiero excusas para entablar una enérgica discusión, eso siempre me ha motivado, desarmar los argumentos de los demás por el simple hecho de hacerlo. Aún no teniendo la razón siempre he encontrado la forma de ganar por insistencia.

-¡Tarde otra vez!- suena la voz de mi jefa tóxica, que se acerca zigzageando cual Cobra Real. Pero hoy, hoy no es una Cobra y hoy no soy Abu Zarin Hussin. Elegantemente evado la primera confrontación por lo que soy reprimido nuevamente, pero no importa, camino con decisión. Miro de reojo a mis compañeros en un estado zombie natural de los lunes. Me ubico en mi lugar e instintivamente ajusto el nudo de mi corbata. ¿Es mi corbata o el collar que he decidido usar? ¿Acaso me han domado? ¿Domesticado? Entre golpe de teclas, gritos, llamadas, desesperación, ansiedad, angustia, ese nudo de corbata se ha apretado demasiado.

Absorto y perdido entre preguntas internas de “¿qué?” y “¿cómo?”, sentía al mundo temblar bajo mis pies. Levanté barreras, murallas de piedra para proveerme de seguridad, pero hoy estaban hechas de cartón y las nubes se acercaban, los vientos huracanados de sentían.

Esa máquina en serie ya no corrío, el maquinista se declaro en huelga, sentía la cafeína en mi sistema nervioso, me imaginé que así debía sentirse la adrenalina. Baje escaleras, como bailando, no había temor, era emoción, pura pasión.

-¡”Renuncio!” – dije. – “Renuncio a convertirme en una máquina, renuncio a dar muerte a mis sueños, a sesgar mi imaginación, a domesticar mi mente. Renuncio a vivir oprimido, odiando despertar. Renuncio a sentir que pierdo la vida, no solo el tiempo y, con ella la felicidad. Será difícil y temeroso al comenzar, pero se que nuevamente me volveré a levantar”

Y salí por la puerta, sentía las miradas clavadas en mi nuca, unas eran de odio (esas me gustan más), otras de tristeza y otras de envidia. Pero caminé y caminé, hoy no miré atrás. Hoy respiré diferente, hoy perdí kilos de carga acumulados. Me despojé de dolores y angustia, me solté ese collar, rompí mis cadenas, al fin y al cabo solo yo me pongo límites y me olvidé de eso, dejé que otro las ponga por mi. No caminaba, flotaba. A medida que se normalizaba mi respiración y el efecto de la cafeína bajaba, no sentía arrepentimiento.

En ese momento no me preguntaba “¿por qué?”, mas bien era un “¿por qué no?”, no era “¿cómo?”, era “¿cuándo?”. Hoy el mundo estaba por delante, y lo que quedó detrás encontró su lugar. Hoy no tenía intenciones de soñar mi vida para reconfortarme cual adicto, hoy quería vivir mis sueños.

Al fin y al cabo la vida es demasiado corta para realizar los sueños de otro, y mientras tanto, ¿por qué no?