El error de errar

Desde que salimos expulsados como espermatozoides libramos una batalla descarnada por el éxito.


Desde pequeños vamos a la escuela y si tenemos aptitudes intentamos pelear por los primeros puestos, a veces se puede y en muchas oportunidades no. Aunque renegamos del dolor y del fracaso en muchas oportunidades las cosas no salen como uno quiere y terminamos frustrados al no conseguir nuestros objetivos.

Y en esta sociedad que nos consume cada día y nos obliga a no equivocarnos para ser exitosos, a no conocer lo que es una derrota porque perder, porque fracasar es un término que todo empresario/emprendedor/hombre de negocios quiere evitar. Fracasar es malo.

En el colegio si perdemos se burlan de nosotros, en la universidad, en los trabajos, en las reuniones sociales, en las canchas con amigos porque todo lo que el hombre quiere es ganar. En fiestas no se te ocurra decir que eres violinista, trompetista, artista, publicista, cantante, bailarín, actor, diseñador gráfico, vendedor de un mall, dueña de casa, porque eres de lo peor y tu expectativa de vida se reduce solamente a un puesto más y no al éxito que todos “anhelamos conseguir”.

Pero hoy, en el mundo nos damos cuenta de que perder es un acto y reflejo de todo ser humano y en nuestra condición debemos aceptarlo. No siempre las cosas que hacemos o decimos tienen el efecto que realmente queremos o necesitamos, esto es porque nuestra vida es de ensayo y error.

¿No será mejor fracasar de vez en cuando (sólo de vez en cuando nomás’, ¿eh?) para así aprender de lo que hacemos mal y no volver a repetirlo? En la vida no lo sabemos todo, aunque a veces lo aparentemos, y es normal errar porque de esta forma aprendemos mejor dónde cambiar nuestra forma de actuar para lograr un objetivo.

El tremendo Humberto Maturana, biólogo y epistemólogo chileno, Premio Nacional de Ciencias el 2004, nos da un claro ejemplo de que para ganar no siempre se debe doblegar al otro:

“Si fuese jefe de un partido político y el gobierno elegido es de otro, yo no me llamaría la oposición sino que la colaboración. Entonces el otro no trataría de deshacer lo que yo hice en el gobierno anterior porque queremos hacer un proyecto común”.

Este hombre sabe y sabe de verdad.

El éxito según la Rae es: “1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.”, y debemos recordar que en esta ecuación no aparece el “derrotar al otro” sino que llegar a un buen puerto en una negociación, cumplir el objetivo, llegar a la meta trazada.

Y aunque no lo crea, fracasar de vez en cuando hace bien.

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