Llegó a la plaza pasadas las seis de la tarde cuando el sol a duras penas entibiaba el aire y se sentó en el banco mas cercano. Unos niños jugaban un poco más lejos pero apenas les prestó atención por pelear con el walkman que salía de su bolsillo. De la mochila extrajo un casette, que tenía una brillante etiqueta con su nombre, y con un poco de trabajo metió en la ranura.

Respiró hondo antes de dar marcha al aparato.

-Hola.

-Hola.

-Imagino que estás en la plaza donde nos conocimos. Que hora es? Es de tarde?

-Son las seis.

En los auriculares sonó una risa casi infantil antes de seguir.

-Esto es raro porque siempre fuimos malos para hablar en serio.

-Por qué te fuiste?

-Y en este momento te estarás preguntando por qué me fui. Me fui porque me cansé. No de vos. De vos nunca podría cansarme. -la voz en la cinta suspiró y tras unos segundos prosiguió- Todo es hermoso cuando estoy contigo. Las caminatas bajo la lluvia, los días de frio, no tener nada para comer. Mirar por sobre mis lentes sucios y verte ahí sonriendo con el cielo nublado de fondo. Todo eso es tan hermoso que no puedo evitar sentir comodidad.

-Pero...entonces no entiendo.

Una vez más rió, pero esta vez escuchó como peleaba para contener las lágrimas.

-No hay nada más nocivo que la comodidad. Nos condena a no movernos por miedo a lo que hay afuera -hubo unos segundos de silencio que parecieron una eternidad- y yo ya no quiero sentir eso. Necesito el riesgo de que de un momento a otro todo se pueda ir al demonio y así, de la manera más cruel, sentir que vivo. Y para eso vos tenés que seguir sin mi.

-No quiero esto. No puedo.

-Pero tenés que hacerlo.

-Vas a volver en algún momento?

-Es tiempo de que vuelvas a casa. En cualquier momento va a anochecer y deberías parar a comprar comida. La heladera está vacía.

El botón del reproductor saltó con un chasquido y la cinta se detuvo. A su cabeza llegó un aluvión de recuerdos que bloquearon sus pensamientos. Su frente se apoyo en las manos cuando sintió que algo le tocaba un pie. Cuando miró para esa dirección vio una pelota multicolor y escuchó a los niños pidiéndosela a gritos.

Con algo de trabajo se levantó del banco y forzó su pierna para atrás. Pensó. Calculó. Midió cada uno de sus movimientos antes de dejar la pelota donde estaba y empezar a caminar calle abajo.

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