Bitácora l: 28 de junio

Ilustración: Xaviera López.

No estoy escribiendo para que me leas, es porque aquí la locura es inminente y si se me permite conservar alguna gracia, quiero que sea la de leer y la de recordar. Es sólo un block de notas que no tiene tinta y que puedes ignorar, no pasa nada.

Apenas hace unos minutos dejó de llover y al menos en la ventana, el aire se va sintiendo más tibio. No me preguntes como está afuera, porque no he salido.

Tampoco me he hecho café y estoy deliberando si tomarlo en casa envuelta en una mantita o en la banca del parque que me gusta. O si cambiar el café por un chai de Starbucks, que ya sé que pregono que no me gusta comprarle a las grandes cadenas, pero el frío y el chai me recuerdan una época, en la que igual que hoy, tengo muchas dudas y tiempo libre. Supongo que las especias me refrescaron el alma y el cerebro, porque después de entonces tomé varias buenas decisiones.

Este día estuve a punto de decidir comenzarlo llorando sin control igual que ayer, y antier y el día antes de ese, a pasarlo en la isla que es mi cama y a esperar recibir alguna muestra de compasión, y con mucha mucha suerte, alguna de autocompasión.

Pero no, no sucedió así. Me paré y fui digna.

Más o menos.

Le escribí a A. que siempre tiene las palabras más reconfortantes. Ayer le conté lo que pasó y me recordó que el universo es muy grande y que este es sólo un momento. Eso me hizo sentir más tranquila de muchas formas.

Prendí la radio y estaban las mismas malas noticias de siempre. Hoy no me quise subir a ese tren y mejor puse la canción que me mandó que habla de la tierra y el sol y de que todo lo demás es pura fantasía.

Por cierto, ya tendí la cama.