PÉRDIDA DE LA IDENTIDAD CULTURAL EN COLOMBIA

Colombia, un país de contrastes, cuya diversidad entre cultura, regiones, folclor y tradiciones, han hecho de este un lugar único, en cuanto a patrimonio inmaterial se refiere. Cuarenta y ocho millones de personas, treinta y dos departamentos y más de sesenta lenguas entre indígenas y criollas, hacen parte de nuestra identidad como país. Si hacemos una retrospectiva en nuestra historia, desde las primeras civilizaciones asentadas, encontramos manifestaciones culturales de los pueblos Precolombinos (Muisca, en la creación de cerámicas, Quimbaya en la orfebrería y Tayrona con sus poblados), cuya identidad fue alterada, saqueada y reemplazada por las costumbres traídas desde Europa por los colonizadores, a través del largo proceso de mestizaje que creó consigo nuevas culturas, como los criollos, Wayuu, Koguis, Wiwas, entre otros, que se fortalecieron con la independencia, y las cuales hoy en día se mantienen, pero no con la importancia que merecen. En la constitución política del año 1991 se hace un reconocimiento a nuestro patrimonio cultural, el cual está inscrito en diversas normas y políticas, pero estos esfuerzos son todavía insuficientes para crear una cultura de reconocimiento y protección, que está siendo desplazada, por los diferentes hábitos de vida que se han adoptado por la globalización y el uso de las nuevas tecnologías.

Es difícil hacerse a un panorama de la situación precaria e inestable del que pende nuestra cultura por el extranjerismo, donde cada vez somos menos de nosotros mismos. Los tratados de libre comercio, marcas de comida y ropa, las tecnologías, los coloquialismos extranjeros, la música, los estándares religiosos, ¡todo!, me hace pensar que dé a pocos nuestro país está siendo moldeando para adoptar un estilo de vida y costumbres “ideales” de occidente y ser los peones de las grandes potencias. Por otro lado, muchos de nuestros problemas en cuanto a identidad se refieren, son producto de una inconciencia colectiva que adopta costumbres ajenas como suyas, entonces ¿en dónde queda lo nuestro?, las nuevas tendencias y la falta de apropiación de nuestras raíces y sentido de pertenecía, están provocando una pérdida en la identidad cultural del país.

Desde la conquista española hasta nuestros días, el territorio ha pasado por cambios que han moldeado nuestra cultura hasta nuestros días. Importantes símbolos, tradiciones, artes, se perdieron en el tiempo y aquellos conocimientos y tradiciones fueron destruidos por los aires de superioridad con que los Españoles llegaron a nuestras tierras para arrancar nuestras riquezas materiales e inmateriales. “Desde el descubrimiento de América el capital elaboró sus estrategias de acumulación, sin consideraciones éticas. Todo se hizo susceptible a convertirse en riqueza y patrimonio, ya fueran los metales preciosos, los hombres rebeldes, las perlas, las piedras preciosas, los alimentos y las mantas” (Tovar, 1997). Siglos de consolidación de los pueblos indígenas fueron borrados por este propósito económico. La esclavitud, las enfermedades y la evangelización fue lo único que quedó en ese afán de “civilizar”. Esta sería una de las grandes pérdidas de identidad cultural, la cual fue forzada por la colonización, por la sed de riqueza y dominio de las naciones conquistadoras, a quienes no les importó acabar con las culturas establecidas y exterminar a miles de personas.

El panorama actual no ha cambiado mucho desde entonces, las grandes potencias clavan sus ojos en nuestra tierra por los ingresos económicos que puede representar un país con tal riqueza en cuanto a territorio y biodiversidad, como lo es Colombia. Recordemos que de la naturaleza parte la humanidad y su conocimiento. Me atrevo a decir que nuestra situación es un nuevo proceso de “colonización” con distintos actores, distintos medios y formas para persuadir nuestros ojos con el fin de acoplarnos a los estándares en calidad de vida creados por las mismas potencias, aprovechando que, nuestro país está en pleno proceso de desarrollo, otra forma de violentarnos en nombre de la “civilización”.

Este propósito individual y monetario por encima de los intereses de población y cultura, han sido causantes de que nuestro patrimonio inmaterial haga “maromas” en la cuerda floja. Si nos centramos en el conflicto armado, una de las grandes problemáticas de nuestro país, ha desencadenado una larga lista de desplazamiento forzado, en el cual parte de nuestra población indígena y campesina huye de sus tierras para salvar sus vidas, años de construcción religiosa y cultural de nuevo alterada por el ocio y el poder.

“La población indígena representa el 1.5% del total nacional y es culturalmente diversificada y relativamente dispersa en diferentes ámbitos geográficos. Esta variedad existió ya en el momento de la conquista española, y los cientos de años de contacto e imposición de hábitos y comportamientos la han modificado, pero no borrado. Cada grupo es, en la actualidad, un grupo contemporáneo, con relaciones profundas, a menudo conflictivas, con la sociedad nacional.” (Jimeno Santoyo, 1992)

Para nuestro infortunio, el extenso legado indígena ha ido desapareciendo. La resistencia nativa parece opacarse cada vez más por la globalización, el desplazamiento forzado causado por la guerra, la discriminación y el abandono del estado a dichas comunidades. Uno de estos casos es la situación actual en la Guajira, donde la comunidad Wayuú está siendo arrasada por la desnutrición, un mal que altera la demografía nacional. Aquel legado cultural Wayuú, desaparece ante la mirada enceguecida de un país que concentra su atención a los problemas de afuera. Pero, no todo es malo, pues existe en el capítulo XI de la Comisión Interamericana de los Derechos humanos, los derechos de indígenas en Colombia, en los que se les reconoce como patrimonio nacional invaluable. Aunque está escrito y distingue a las comunidades indígenas y sus derechos, como sociedad aún no somos conscientes de ello. sabemos más de las problemáticas sociales de afuera que las de nuestro propio país, adoptamos estilos de vida que no nos pertenecen, surgiendo una polarización entre la vida que nos tocó, la que nos imponen y la que decidimos vivir. Por eso debemos conocer nuestras raíces, el peor de los males para una sociedad es desconocer su historia y los cimientos con que está formada, de ahí a que insisto en que estamos sufriendo un nuevo proceso de colonización (sin violencia ni sangre derramada), repitiéndose la historia con el desplazamiento y desaparición de la cultura y las tradiciones que aún permanecen. Pero el legado indígena aún perdura ante la mirada distante de todo un país.

Manifestaciones culturales como la música, el folclore, leyendas y gastronomía no son ajenos a esta problemática. Cada vez son menos los exponentes de ritmos como la carranga, el pasillo cundiboyacense, cumbias, entre otros ritmos característicos de nuestro país, por la inclusión de estilos musicales mucho más comerciales provenientes del exterior. Aquella música que escuchaban nuestros antepasados y que era valorada tanto por la composición de sus letras, como la dificultad en la ejecución de los instrumentos musicales, está quedando en el olvido. Podemos rescatar el vallenato, declarado por la UNESCO (Organización para la educación, ciencia y cultura) como patrimonio inmaterial de la humanidad, siendo uno de los pocos estilos musicales que tiene variedad de exponentes y lo han dado a conocer en todo el mundo, pero variantes como la “nueva ola del vallenato”, han corrompido esta expresión cultural autóctona, porque sus composiciones se pierden en las nuevas generaciones, ya que no cuentan historias llenas de humor, realismo y fantasía, por el contrario sus letras han dejado de lado la complejidad del género narrativo, para manejar temáticas simples como los amores fáciles, despecho y otras poco tradicionales. En cuanto a gastronomía, también se ve un proceso de desplazamiento en cuanto a que se prefieren los sabores y recetas de platos de la cocina internacional, comidas rápidas, alimentos procesados, platos dietéticos y diversas marcas multinacionales se han instaurado en nuestro país, cambiando las costumbres en la alimentación de nuestra población y pérdida de ingredientes como las habas, cubios, coles, batatas y recetas de la cocina tradicional, haciendo que se pierda la preferencia por los platos nacionales.

“Nada más terrible para los hombres y para los pueblos que no tener rostro, no tener imagen, no tener esa parte tan importante que nos define, que nos caracteriza, que nos permite identificarnos y nos da un sello distintivo ante los demás hombres y los demás pueblos”. (Grass, s.f, como se citó en González, 1987). Igualmente, para nuestra nación, perder esas características que la hacen única frente al mundo, ya que a medida que transcurre el tiempo, las costumbres y tradiciones se adaptan a un mundo cada vez más homogéneo. Dentro de las causas más fuertes que han causado sin duda la pérdida de identidad cultural en nuestro país, están el Colonialismo y la globalización, los cuales, en su afán por obtener riqueza y capital, son capaces de pasar por encima de una cultura establecida. Los grandes afectados ante esta situación, son las comunidades indígenas que aún continúan establecidas, por el abandono del estado, la violencia y nuestra indiferencia ante las grandes problemáticas que padecen. Los retos que ofrece el presente y el futuro, son la comprensión de la riqueza de nuestra diversidad, y de saber afrontar nuestras diferencias, incomprensión e intolerancia que viene desde el sistema colonial. Por siglos se nos han inculcado valores y creencias ajenas a nuestra cultura, se han vulnerado nuestros derechos y desplazando nuestra identidad. Es cierto que somos una sociedad de constantes cambios, pero la indiscriminada forma de explotación de los recursos desdibuja nuestro legado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

· TOVAR PINZÓN, H (1997). Pensar el pasado, Capítulo 5: Colonialismo y diversidad, Ediciones UN Facultad de Ciencias Humana, Bogotá, Pág. 37.

· GONZALEZ DE PÉREZ, S (1987). Diccionario y gramática chibcha, Imprenta patriótica del instituto Caro y Cuervo, Bogotá.

· JIMENO SANTOYO, M (1992) Los indígenas colombianos, hoy: su situación real, problemas y alternativas, recuperado el día 07 de mayo de 2017, de http://www.banrepcultural.org/node/32941

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

· TOVAR PINZÓN, H (1997). Pensar el pasado, Capítulo 5: Colonialismo y diversidad, Ediciones UN Facultad de Ciencias Humana, Bogotá, Pág. 37.

· GONZALEZ DE PÉREZ, S (1987). Diccionario y gramática chibcha, Imprenta patriótica del instituto Caro y Cuervo, Bogotá.

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· JIMENO SANTOYO, M, (1992) Los indígenas colombianos, hoy: su situación real, problemas y alternativas, recuperado el día 07 de mayo de 2017, de http://www.banrepcultural.org/node/32941

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· ¿Silvestre Dangond y compañía amenazan el vallenato tradicional?, recuperado el día 12 de mayo de 2017, de http://www.semana.com/cultura/articulo/la-nueva-ola-amenaza-para-el-vallenato-tradicional/451878-3

· PEREZ ESPINEL, J (2014) Gastronomía en vía de extinción, recuperado el día 12 de mayo de 2017, de http://www.elmundo.com/portal/vida/gastronomia/en_via_de_extincion.php#.WR0npGiGOM8

· Constitución política de Colombia (1991), recuperado el día 12 de mayo de 2017, de http://www.corteconstitucional.gov.co/inicio/Constitucion%20politica%20de%20Colombia%20-%202015.pdf

· Colombia cultural (s.f), recuperado el día 16 de mayo de 2017, de http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=44&COLTEM=216

· Comunidades indígenas de La Guajira padecen crisis humanitaria por falta de agua y alimentos (2014), recuperado el día 12 de mayo de 2017, de http://www.defensoria.gov.co/es/nube/regiones/2116/Comunidades-ind%C3%ADgenas-de-La-Guajira-padecen-crisis-humanitaria-por-falta-de-agua-y-alimentos-La-Guajira-sequ%C3%ADa-crisis-de-agua-Defensor%C3%ADa-del-Pueblo-Uribia-Derechos-Humanos-Derecho-al-Agua.htm

    Mayra Alejandra Zambrano

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    Estudiante de Contaduría pública de la Universidad Nacional de Colombia. Me encanta tocar guitarra, con ella empiezo a soñar!!!