5 lecciones aprendidas tras correr mi primera Maratón

El pasado domingo conseguí uno de los logros personales más ambiciosos de los últimos años: terminar [bien] la Maratón de Madrid. Haré un breve relato del pre, durante y post, intercalando lecciones prácticas aprendidas alrededor de esta experiencia y aplicables a cualquiera de nosotros. E intentaré huir de tópicos wannabes, blufómetros y similares.
1. Si otros pueden, tú también.
Como decía en su Snapchat el amigo Bonilla, “correr 42km no tienen ningún mérito más allá de eso: correr”. Más duro es crear una empresa, pagar nóminas o sacar una familia adelante. No hace falta nada más que constancia. Preparación previa y constancia. Por eso cuando te dicen “joder macho, qué crack”… eso no es ser un crack. Un verdadero héroe para mi es Guillermo Montoya, fundador de Deiser -entre David y yo, en la foto de arriba- que lleva pagando nóminas 19 años tras montar una empresa de servicios que factura más de 3MM€ y genera Beneficios cada año. #Period.
2. Ninguna batalla se gana al azar. Todo lleva una estrategia.

En esto tengo que agradecer a mi amigo Andrés Torrubia sus consejos y mentalidad “Sargento de Hierro” antes de la carrera. Hay que llevar tu cuerpo al límite, putearlo, y así luego responderá mejor. Para la Maratón tenía claro qué marca y modelo de geles tomar (previa experimentación con muchos), en qué kilómetro y bajo qué sensaciones; me estudié el recorrido, altimetría, me hice un análisis biomecánico de pisada, una prueba de esfuerzo con VO2, etc. Es decir, sabía que estaba preparado y que era al 90% una cuestión de coco.
3. Lo importante es el viaje, no el destino.

Amigos. Lo que mola es correr con amigos. Entrenar con amigos, y el día de la carrera hacerlo con amigos. Ese día ya está todo el pescado vendido, hay que ir a disfrutar. He estado el último año corriendo para divertirme, nunca con la presión de querer batir mi propia MMP. Con las startups pasa lo mismo, IMHO: te tienes que levantar cada día para pasarlo bien, hacer algo nuevo, arrancar sonrisas. No puedes ir por la vida a lo Jordan Belfort.
4. En el momento de la verdad… Foco, foco y foco.
Durante las 3 primeras horas de carrera íbamos hablando. Me encantan esos momentos porque estableces un vínculo emocional muy intenso con tus compañeros: no estás hablando en un café, estás en medio de una puta Maratón [joder], tenéis algo en común y muy potente. Eso genera una especial sintonía no alcanzable en otros momentos, conociendo el lado más humano de las personas. Cero postureo.

Y en esos momentos… no piensas en nada. Concentrado. No sé si es bueno o malo, pero no “disfruté” de la ciudad. Yo iba a lo mío, patada a seguir, partido a partido como el Cholo. Centrado en lo importante y dejando al mundo fuera de mi. Yo contra el mundo, yo contra todos. Estaba enfocado en la carrera, focused on, midiendo, analizando.
5. El éxito es de todos: equipo sobre las personas.
Menos mal que tuve a David y Guillermo todo el recorrido animando y esperando; los últimos 10 km fueron duros, pero ojo, no hubo Muro. Los últimos 5 jodidos, y los últimos 2 fueron aplastantes. Pero la llegada al Retiro fue sublime. Entrando al recinto, a falta de 600m, me puse a llorar. Emoción pura. Y cuando quedaban 300m me reencontré con David y Guillermo (que me habían sacado 1–2min, tiempo que recuperé a piñón fijo) y entramos juntos. Los 3 tenores, 4 horas y 42km después, lo hicimos.
Poco más, tan solo decir que correr una Maratón es una pasada. Experiencia alucinante. Si no lo has hecho y estás sano, deberías hacerlo. He entrado en una dinámica de la que es difícil salir. Y como el domingo pasado, espero disfrutar cada día hasta el siguiente, prepararla con mis amigos, correrla con amigos, con una sonrisa cada día y dándolo todo para ser mejor.
Agradecimientos.
Cómo no, a mi familia por aguantarme. Carmen y peques, I love u!
