Dedicado a…
Nunca te han gustado esas manchas en tu rostro. Si supieras que planeo besarlas todas en tu lecho de muerte. ¿Qué no sabes que cuentan historias? Una por cada lucha, por cada victoria. Porque eres una guerrera y esas manchas son la pintura de tono azafrán que nuestros ancestros plasmaban en sus rostros antes de luchar contra los colonizadores. Pero tu no te dejaste domar. Tu adiestraste el caballo brío que es la vida y aún mejor, lo hiciste mientras en tu mente se libraban batallas peores. Te rompiste el corazón en el proceso, cambiaste muchas veces de piel y no te hubieras reconocido a ti misma sino fuera porque las manchas permanecían ahí. Dices que fueron resultado de un accidente, un descuido. Yo digo que el sol ya vislumbraba esas guerras aproximarse y quiso pintarte la cara para alentarte, para avisar que estabas lista para defender ese reino.
No te maquilles esas manchas, mamá, que yo hoy en tu honor me dibujo unas iguales. No te escondas, que hoy escribo gracias a la valentía con la cual me nutriste al amamantarme.
