El profesor de periodismo

Desde que empecé esta carrera tengo la suerte (de pascuas en ramos) de conocer a un periodista. Y hay que ver que ego tienen algunos. Es cierto. Oye, es normal. Ellos saben más que tú y que yo de algunos temas. Yo también me lo creo cuando tengo la oportunidad de entrevistar a gente importante. Además si tienes un poco de suerte te cuentan algún secretillo, algún cotilleo inocente. Anda que no mola eso. A ti también te gustaría.

Esos son los periodistas. Como tú y como yo. Seres mortales. Sí, mortales. Y como inminente graduada en periodismo que conoce el percal, tienen mi total y absoluta admiración. Los periodistas eh.

Los inmortales son los catedráticos de periodismo.

En mi facultad abundan unos extraños seres que rondan los sesenta años. Son ellos. Aquellos que un día fueron grandes. Hoy están cansados. Hartos de ver como cada generación es peor que la anterior. Pasan la mayor parte del tiempo en sus despachos leyendo artículos de otros catedráticos en su misma situación. Una vez al día, cuando marca su horario, salen de su cueva y entran en un aula. Y ahí estás tú. Pobre de ti.

Tú tienes que tragarte su ego. Digerir su escepticismo. Tienes que ser fuerte. Tienes que aguantar que alguien que no sabe como funciona un sistema de gestión de contenido básico te imparta periodismo digital. Que alguien que no ha pisado un plató te de lecciones de presencia ante las cámaras. Pero lo peor no es esto. Lo peor es que hay profesores que valen la pena. Son los asociados. Los maltratados. Los que cobran una puta mierda, y me vais a perdonar la expresión, hoy ando más soez de lo habitual. Es que ya está bien joder.

Los asociados son aquellos que hacen algo más que rascarse el culo en un despacho de catedrático de periodismo. Son los que trabajan fuera, los que tienen algo actual que contar. Los que aportan algo valioso. Algo mínimamente aprovechable. Por mi vida universitaria han pasado 37 catedráticos y 3 asociados. Los 3 únicos profesores que he tenido.

Esto es cortesía de un sistema universitario mediocre que fomenta el inmovilismo. Imperdonable. En mi facultad se estudian los mismos apuntes de periodismo político desde 1985. Y no te quejes, que igual por pasarte de listo tienes que repetir la asignatura y aguantar dos años seguidos al casposo de turno. Señores, esto no es serio. Empiezo a pensar que no salís del despacho por vergüenza. Creo firmemente que las cosas se pueden hacer mejor, pero está claro que a vosotros, héroes marchitados, ya no os apetece.

¿Y que culpa tiene mi generación?