Diseño físico para la innovación

EL espacio físico en el cual nos movemos en nuestras oficinas tiene mucho que ver con nuestra forma de interactuar. Algunas oficinas son físicamente frías, no se ve casi gente en los pasillos, pareciera que no hay energía, que no hay pulso. Es difícil que en este contexto surjan la colaboración y las nuevas ideas. Hemos heredado nuestros espacios físicos de trabajo y la manera de organizarlos, como manifestación directa de la ideología de la era industrial del siglo pasado. En aquel entonces, el principio era maximizar la eficiencia y eso se veía claramente en el ambiente. Inclusive después del uso masivo de las computadoras, las oficinas, los cubículos, los edificios, el hardware y el software, estaban diseñados para la escasez de información, la productividad individual, las jerarquías de dominio y un mundo en el cual se protegía la información. Hoy día, en muchas empresas los escritorios están vacíos, sin embargo las salas de reuniones están llenas porque las personas necesitan trabajar en equipo.
Habría que repensar cual es el uso que le damos realmente a los edificios u oficinas. ¿Que tipos de trabajos se desarrollan en estas oficinas? ¿Cómo hacemos que la gente trabaje de la mejor manera posible? El ambiente de trabajo debe inspirar y facilitar niveles más profundos de colaboración y el acceso a tecnología que aumente las interacciones con otras personas. Es imperativo diseñar herramientas, servicios y ambientes que sean inherentemente colaborativos, que nos permitan juntarnos y trabajar como redes, intercambiar ideas en forma creativa, y que estén centrados alrededor de la actividad humana.
El espacio físico nos ayuda a prepararnos para estar más conscientes y presentes en lo que estamos haciendo. Hay un movimiento hacia la flexibilidad y apertura, como por ejemplo los espacios de co-working, porque fomentan la colaboración. Esto es esencial para cualquier actividad que conlleva la creatividad, pero no es suficiente. El desafío es que en el esfuerzo de ser más abiertos y más transparentes, no nos olvidemos de los espacios privados. Las personas también necesitan espacios dedicados a concentrarse, a reflexionar, a relajarse. Lo ideal es lograr la habilidad de ir del trabajo individual al trabajo colectivo en forma fluida a través de espacios con la libertad de elegir dependiendo de la tarea a realizar.
Convendría buscar que el lugar de trabajo ya no sea de un lugar donde la gente viene a trabajar sino un destino al cual las personas desean venir porque tienen acceso a otras personas y a la tecnología que necesitan para realizar su trabajo. Si le hacemos sentir que son necesitados y les honramos, ahí lograremos que pasen cosas increíbles. Existe una fuerte relación entre el compromiso y sentido de pertenencia de las personas y cuan satisfechos están con su espacio físico de trabajo. La idea es procurar crear un sentido de comunidad, no solamente un lugar de trabajo. Las personas, con este sentido de comunidad, se abocan a albergar una cultura de emprendedurismo y a llevar la innovación a otro nivel.
Otro concepto no menor a redefinir, es el de la productividad. Hacer las cosas rápido, en muchas oportunidades, es menos importante que hacer las cosas de forma creativa. ¿Cómo diseñamos espacios físicos para fomentar la empatía, la imaginación, la creatividad y la vulnerabilidad — que justamente son las características que nos diferencian de la automatización? ¿Cómo diseñamos el espacio físico de una organización integral? Seria espectacular que el espacio físico contribuya a que cada persona traiga toda su humanidad al trabajo y no solo su experiencia académica especifica. Imagínense que consigamos fluidez, músculos relajados, la escucha activa; para poder procesar y entregar; para poder remover barreras y permitir el flujo. Otras habilidades tan necesarias en la actualidad pero de las que no se habla mucho, como la conciencia del contexto, los filtros y la identificación de patrones, también fluyen de forma diferente dependiendo de los espacios físicos.
En el pasado, las organizaciones tenían oficinas porque se necesitaba un lugar donde poner a la gente, y si veías a la gente en sus escritorios significaba que estaban trabajando. Hoy día necesitamos crear rutas internas que logren que las personas interactúen, encontrar la mezcla que permita suplir las necesidades de distintos tipos de espacios y pensar en el concepto de organizaciones integrales a la hora de diseñar los espacios físicos. Varios elementos entran en juego en la ambientación de una oficina como ser los colores, sensaciones, tipos de equipamiento, tensión o armonía, iluminación, sensación de amplitud del espacio, entre otros. Si tenemos en cuenta lo antes mencionado, e invertimos en los espacios físicos en los cuales trabajamos, hay muchas más chances de que se desate la verdadera innovación. Apostemos a lograr un ambiente cálido, relajado, que promueve el bienestar, el propósito, la funcionalidad y la inspiración. Y de paso, aumentemos nuestra calidad de vida.