Con los Ojos de un Niño

R.I.P. Robin Williams

Es mi recuerdo más antiguo de TV. Antes de que TGIF y Nickelodeon aparecieran en mi vida, mi padre me presentó a un extraterrestre disfrazado de lo que parecía ser un payaso. Se movía con torpeza, haciendo comentarios graciosos sobre el mundo con su compañero de cuarto. Me reí un poco, curiosamente, no era del todo capaz de entender el contexto: un huevo, una sala de estar y una relación difícil entre dos personas muy diferentes. Pero nada de eso importaba. A mi papá le encantó, así que a mí me encantó. Modestamente, mi opinión sobre la comedia comenzó a formarse con aquel primer episodio, y, como para tantos otros de mi generación, este extraño show llamado Mork and Mindi, fue la forma en que conocí a Robin Williams.

No puedo ni intentar describir cómo de perdido me siento. Robin Williams tuvo una completa vida anterior que me perdí. Ahora, hay una segunda parte que también me perderé. ¿Cómo es posible que esto tenga algún sentido?

Para apreciarlas, tuve que volver a ver sus actuaciones stand-up, sus programas de variedades y otras incontables escenas que perfeccionó mucho antes de que él se convirtiera en mi héroe. La parte de su vida a la que asistí, fue en la que hizo su transición hacia las producciones para toda la familia. Qué suerte la mía. En mi infancia, Robin Williams se convirtió en lo más parecido a una dibujo animado viviente de lo que un ser humano puede ser. Poseía la habilidad única de crear personajes completos con una expresión facial, un acento o una frase. Era como si el arte se fundiera con los dibujos animados de los sábados por la mañana.

Su actuación más memorable para algunos es en el papel de Genio en la película Aladdin de Disney. Es un papel tan icónico, tan imbuido del sentido de auto importancia que un corte de una sola escena con algunas de sus líneas podría ser una película en sí misma. Pero Robin Williams no tuvo que tratar de dar vida a Genio: fue simplemente otro vehículo para que él "sacara fuera" su genio y regalara su enorme talento al mundo.

Veinte años después, incluso en animación, su presencia es abrumadora.

Robin Williams se convirtió en el actor más querido, no, la ENTIDAD más querida de mi infancia mediante la creación de personaje tras personaje tras personaje, que, uno tras otro, borraban las líneas entre niño y adulto. Cambió fundamentalmente la forma en que experimenté al cine con mis padres. De la señora Doubtfire a Hook, el legado de Williams va más allá de la pantalla a un lugar mucho más permanente. Esos papeles serán siempre una parte de mí. Van a seguir vivos a través de mi familia, amigos y, algún día, a través de mis propios hijos.

A pesar de que él maduró y empezó a experimentar con papeles menos aclamados, él siempre estuvo allí para hacerme sonreír. Y a medida que crecía, Robin siguió evolucionando de forma que fue capaz de hacerme sentir. Lloré mirándolo siendo Patch Adams porque YO ERA ese niño en la cama de hospital al que traía la alegría. Para Robin no había nada más importante que hacer sonreír, y eso es lo que hizo su vida imborrable.

Como cualquier camaleón, Robin Williams aparecerá de forma diferente en las mentes de cada persona. Esta es simplemente la historia entre él y yo. Es una historia que, como las más frustrantes en la vida, deja demasiadas preguntas sin respuesta. Una cosa es cierta: seguiré apreciándole, y un día yo seré el padre. Aún así, le echaré de menos.

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